La lucha de Obama por los servicios de salud: Waterloo o dilución
Por: Bill Moyers y Michael Winship
Progreso Semanal
Las presiones se convirtieron en empujones al fin en Washington a medida que la batalla por los servicios de salud pasó de fuego aislado de francotiradores al combate total.
Si todo les parece a ustedes que se hace cada vez mĆ”s confuso, bienvenidos al club. Es difĆcil ver lo que estĆ” sucediendo a travĆ©s del humo de los disparos.
Los republicanos tienen en su mira a algo mĆ”s que la reforma de los servicios de salud –quieren que Obama sufra una derrota tan aplastante que ponga a la administración de rodillas y devuelva al Partido Republicano el control del Congreso en las elecciones del aƱo próximo. SegĆŗn palabras del Senador Jim DeMint, “Si somos capaces de detener a Obama, serĆ” su Waterloo. Lo destruirĆ””.
El “Waterloo” de la metĆ”fora de DeMint no es, por supuesto, el Ć©xito de Abba en 1974, sino la batalla en 1815 que terminó con el dominio de Napoleón Bonaparte como emperador de Francia –una derrota humillante y un punto de giro de la historia europea. Derechistas como Glenn Beck ven a Obama como la reencarnación de Napoleón, un emperador popular al que hay que detener.
Esto es lo que Beck dijo en su programa de televisión del lunes 20 de julio: “Les digo que este individuo es peligroso. Nunca ha perdido. El no comprenderĆ”… como ‘¿QuiĆ©n eres tĆŗ para cuestionarme?’ Oigan, este tipo es ahora casi un presidente imperial. Cuando empiece a perder y la gente comience a cuestionarlo y a pegarlo a la pared, no va a saber cómo reaccionar”.
La estrategia republicana es casi idĆ©ntica a la manera en que ellos convirtieron los servicios de salud en un Waterloo para Bill y Hillary Clinton en 1993. Entonces uno de sus principales propagandistas, William Kristol, instó a su partido a bloquear cualquier plan de servicios de salud por temor de que los demócratas fueran percibidos como “los generosos protectores de los intereses de la clase media”. Ahora estĆ” diciendo al Partido Republicano que “disparen a matar… tĆrenle con todo… clĆ”venle una estaca en el corazón… Tenemos que comenzar de cero”.
Los republicanos van tan hombro con hombro que cuando el estratega Alex Castellanos emitió un memorando en el que delineaba su plan de batalla, el presidente del Partido Michael Steele repitió grandes segmentos palabra por palabra en un discurso en el Club Nacional de la Prensa en Washington. Cuando le hicieron una pregunta que lo sacó del guión, relacionada con los servicios de salud, Steele respondió: “Yo no hago polĆtica”.
Mientras los republicanos abrĆan fuego, los representantes de los grandes negocios atacaron tambiĆ©n y tronaron sus caƱones cabilderos y publicitarios. Uno de ellos la CĆ”mara de Comercio, anunció una gran campaƱa de mĆtines, y anuncios en prensa e Internet para aplastar el plan de la Casa Blanca de una opción pĆŗblica competitiva que permita a los consumidores escoger entre un plan gubernamental y los seguros privados de salud. En estados claves donde los miembros del Congreso aĆŗn estĆ”n en la cerca, las ondas aĆ©reas estĆ”n vibrando con comerciales en televisión dirigidos a alejar los corazones y las mentes de cualquier cambio que pueda amenazar las ganancias.
El Presidente Obama rechazó la metĆ”fora de Waterloo y montó una gran contraofensiva. Pero el Presidente ya ha tropezado con trampas cazabobos y campos minados colocados por miembros de su propio partido, exacerbados cuando la Oficina Congresional del Presupuesto reportó que los planes de reforma, en vez de controlar los costos, llevarĆan la deuda nacional a la estratósfera.
Mientras tanto, los seguidores que quieren destruir el actual sistema a favor de un cambio fundamental estĆ”n observando con tristeza a travĆ©s de la niebla de la guerra a un campo de batalla en total desorden. Ellos temen que debido al deseo de la Casa Blanca de lograr que el Congreso apruebe un proyecto de ley –cualquier proyecto–, llegue a estar tan comprometido, tan dispuesto a favor de los grandes intereses, que sea menos un Waterloo que algo muy debilitado, una dilución del cambio que ellos esperaban que fuera lo que necesita Estados Unidos.
Las grandes compaƱĆas farmacĆ©uticas ya estĆ”n tan complacidas con lo que les han prometido que han traĆdo de vuelta a Harry y Louise –los personajes de ficción que protagonizaron los anuncios de TV que ayudaran a torpedear el plan de Clinton de servicios de salud –pero esta vez estĆ”n a favor de la reforma.
Según la Associated Press, el grupo comercial de la industria farmacéutica,
PhRMA (Investigaciones y Manufactura de FĆ”rmacos de Estados Unidos) y la compaƱĆa farmacĆ©utica Pfizer “reportaron que habĆan gastado en cabildeo durante el segundo trimestre de este aƱo mĆ”s dinero que otros organizadores de servicios de salud”. ($6,2 millones por parte de PhRMA y $5,6 millones por parte de Pfizer.)
“Incluyendo su Ćŗltimo informe, hasta ahora PhRMA ha gastado este aƱo $13,1 millones en cabildeo. Pfizer reportó $11,7 millones en gastos de cabildeo en 2009″.
Esta es parte de la razón, como escribieron recientemente en The Wall Street Journal
Alicia Mundy y Laura Meckler, por la que “la industria farmacĆ©utica, a la cual durante su campaƱa el Presidente Barack Obama prometió ‘enfrentarse’, estĆ” obteniendo casi todo lo que quiere en la reforma de los servicios de salud”.
El artĆculo describe “una cadena de victorias” arrancadas al ComitĆ© Senatorial de Finanzas por parte de los cabilderos de las compaƱĆas farmacĆ©uticas, incluyendo medidas de no reducción de costos, nada de permitir medicamentos mĆ”s baratos desde CanadĆ” a travĆ©s de la frontera, y ninguna negociación directa del gobierno federal con las compaƱĆas farmacĆ©uticas para disminuir los precios de los medicamentos de Medicare.
Y eso no es todo. El Comité de Salud del Senado estÔ concediendo a la industria biotecnológica protección monopólica contra la competencia de los medicamentos genéricos durante 12 años después de su salida al mercado.
No es de extraƱar que el costo de la reforma siga aumentando cada vez mĆ”s. ¿SerĆ” que Harry y Louise estĆ”n mĆ”s felices porque en esta oportunidad estĆ”n en el negocio?
Bill Moyers es el director editorial y Michael Winship el redactor principal del programa semanal de asuntos pĆŗblicos “Bill Moyers Journal,” que se transmite los viernes por la noche por PBS (Sistema PĆŗblico de Transmisión). Revise los horarios locales de transmisión o comentarios en The Moyers Blog enwww.pbs.org/moyers. La productora editorial Rebecca Wharton fue responsable de la investigación.
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