La solución y el problema son hermanos siameses

Martes, 21 de abril de 2009
La solución y el problema son hermanos siameses
Por: Michel Balivo
(La danza del pulpo)

Todos tendemos a tener una opinión apoyada en un sistema de intereses o tensiones fijas que buscan resolución, no importa cuanto los disfracemos o cuan desapercibido nos resulte. La Cubre de las Américas no podía ser la excepción.

Sin embargo por mucho que superpongamos una opinión intelectual o un sistema de intereses disfrazado, las vísceras, las emociones, las motricidades no pueden dejar de existir y operar.

Porque de hacerlo no podrĆ­amos satisfacer nuestras necesidades, nos desintegrarĆ­amos, dejarĆ­amos de existir. Estamos entonces en tiempos donde lo necesario no es confrontar diferencias de ideologĆ­as, opiniones, discursos o intereses, sino reconocer que la existencia de algo no niega la existencia de otro algo, sino que la complementa.

La lógica, la razón, el signo por ejemplo, son complementarios con la alegoría, la analogía, lo irracional. De hecho si prestamos atención, notaremos que son los intereses los que se visten de razón y la usan como mÔs les conviene, es decir que nuestra personalidad es acomodaticia y estÔ al servicio de nuestros sueños, temores y deseos.

Nada de eso deja de existir y operar porque le superpongamos razones. Nada de eso se procesa ni resuelve porque fijemos nuestra atención y la reduzcamos a contenidos superficiales. Todas las funciones siguen operando en estructura, porque todas son necesarias y no podemos existir ni expresarnos si falta alguna de ellas.

Lo único que cambia al reducir el foco atencional, es que su relación sigue sucediendo pero ahora en copresencia atencional, resultando desapercibida para una mirada fijada en contenidos, que cree que puede elegir unos y rechazar otros, como si todo no fuese parte de ella. De nada de ello puedes prescindir ni dejarlo por el camino, solo conseguirÔs que te siga como la sombra tuya que es, que opere traducidamente.

Y si niegas, reprimes o traduces tus vĆ­sceras, emociones y sexualidad por ejemplo, si las sujetas a patrones ideales de un modelo social en el que han de encajar para satisfacer tus necesidades, ¿adónde crees que puedes llegar con ello? Pues es muy simple e inevitable. Te estrellarĆ”s con eso que crees que por negarlo o reprimirlo deja de existir.

Porque una vez mÔs la vida es una estructuralidad de funciones indisoluble, porque todas ellas son necesarias, imprescindibles. A nadie se le ocurre que quitÔndose una pierna, brazo, ojo o riñón funcionaría mejor que con todos sus órganos o sentidos. A nadie se le ocurre dejar de usar un miembro o un sentido a pesar de disponer de él.

Serƭa estupido amarrarse un pie o un brazo o caminar con muletas pese a estar sano, un handicap innecesario. Sin embargo nos parece normal prescindir de o reprimir el sexo, las emociones, lo irracional, y obligar toda esa copresencia inevitable a traducirse a modelos racionales. De hecho solo lo logramos generando dolor con castigos, amenazas, chantajes, en fin negocios de pƩrdidas y ganancias, de palos en una mano y zanahorias en la otra.

Todo el show que montamos en una Cumbre de mandatarios, de representantes de todo aquello que negamos, reprimimos, reducimos a fríos conceptos y números, no es mÔs que una traducción obligada de esa copresencia. Del mismo modo que un rey y su corte de nobles de sangre azul, es solo una representación de algo mÔs elevado, digno, superior.

De “algo” que le de sentido o metas a la vida, al cĆ­clico y sinsentido accionar para satisfacer necesidades, algo que proyecte valores sobre todo el aquelarre de esfuerzos que solo conduce a la muerte. Sin importar si la rodeamos de un florido y decorado ritual, o simplemente la vivimos y experimentamos sin intermediación, al desnudo.

Luego estamos en capacidad de imaginarnos reyes, o de suponer como los reyes desde su autoridad nos observan, y entonces sentir y mirar desde esa superioridad, asƭ como los niƱos juegan a ser autoridad con sus muƱecos o soldaditos. Y de ese modo incorporamos diferentes miradas desde las cuales observarnos y observar al mundo alternativamente.

¿Que son los reyes y su corte? ¿QuĆ© representan realmente? ¿PodrĆ­an subsistir si los lacayos y la plebe no creyeran que ellos son algo especial adónde tal vez algĆŗn dĆ­a podrĆ­an llegar, sin que aceptaran por un motivo u otro someter su libertad a la autoridad de algo supuestamente superior, sin que aceptaran mantener su holgazanerĆ­a con su trabajo y sudor?

Tal vez en algún momento esos reyes y cortes, representaron funciones superiores que ya resonaban en la sensibilidad colectiva. Como la libertad de elegir, como la capacidad de intencionar y decidir qué dirección darle a nuestras acciones. Tal vez esa función luego fue mejor encarnada por los rudimentos del pensamiento científico, que en la edad media nos permitió concebir ingenios que multiplicaban nuestra fuerza, reducir el esfuerzo, liberarnos de él en cierta medida. Surgió entonces lo que llamamos el maquinismo, la industrialización.

Tal vez esta cumbre de las Américas represente también una nueva sensibilidad. Porque luego de que las funciones que con su esfuerzo sostuvieron el desarrollo del conocimiento, que por acumulación de los aportes de todos los pueblos y generaciones se aceleró hasta propiciar la revolución económica y cultural, hoy tiende a complementar ese esfuerzo y sudor motriz con la capacidad abstracta intelectual de elegir las mejores direcciones de acción, las mejores visiones o ideas fuerza creativas para todos.

Allí podría estar la paradoja de que nos hayamos sometido a miles de años de oprobiosas esclavitudes, para que hoy finalmente, desarrollada la capacidad de discernir direcciones de acción colectivas complementarias, útiles y buenas para todos. Sin discriminaciones de ideologías ni creencias, sin inferioridades y superioridades azules, verdes, amarillas o rojas, extraer finalmente de entre tanta ideología y ensueños, algo verdaderamente simple, bueno y útil.

En todo caso en la cumbre se mezclan los show mediĆ”ticos, el “american idol”, en fin los productos de laboratorio. Que son creados intencionalmente como cualquier hit musical, estudiando gestos y discursos y promoviĆ©ndolos, publicitĆ”ndolos.

Si queremos un claro ejemplo, bastó con que el presidente ChĆ”vez le haya regalado ante las cĆ”maras a su homólogo Obama, el libro de Galeano “Las venas abiertas de Latino AmĆ©rica”, para que todos saliĆ©ramos corriendo a comprarlo y ya se encuentre en el nĆŗmero dos de los mĆ”s vendidos. Y no es la primera ni la Ćŗltima vez que lo hace y sucede.

Pareciera que ahora los dioses y los reyes han sido encerrados en una cajita de TV, que sabe lo que es bueno para todos, nos lo aconseja y salimos corriendo sin respirar siquiera a hacerlo. Sus imÔgenes son como las mismas revelaciones divinas, tratadas con sacrosanto respeto y devoción por los fieles en otros tiempos.

Nadie puede negar que en esta cumbre se respiró otra atmósfera, aunque solo haya sido una representación para las cÔmaras y un discurso estudiado para producir los efectos deseados, algo debe haber cambiado, las circunstancias del encuentro han de haber sido diferentes para que se considerara necesario ese cambio de actitud.

Los hechos, que son el ineludible apoyo en que se sustenta y al que intenta dar dirección acorde a su conveniencia el show y la prestidigitación mediÔtica, han de ser diferentes para que la escenografía difundida simultÔneamente en tiempo real a todo el mundo, haya cambiado tanto. Si lo que se dijo coincidirÔ luego también con la dirección de hechos, es otra cosa.

Eso dependerĆ” de los mismos hechos y de las actitudes de los representantes, del fundamento en hechos que tengan sus exigencias. No es el presidente Obama ni EE.UU. solamente lo que lo decidirĆ”. AllĆ­ hay un pulpo de mĆŗltiples brazos de intereses que interviene.

Empresas, consorcios y monopolios trasnacionales, medios de comunicación, instituciones de espionaje y planificación, de financiamiento como el FMI, BM, o como la NED para financiar grupos sociales o paramilitares, estudiantes, sindicaleros o lo que fuere, entrenados para producir en los hechos los efectos de alteración y conflicto del orden social y la gobernabilidad, son una compleja trama de intereses que no necesariamente tiene los mismos objetivos todo el tiempo.

Porque todos tienden a conservar sus sueldos y privilegios. Por ello concebidos como la solución para los intereses que defienden, se convierten la mayoría de las veces en el problema. DeslindÔndose de esos intereses originales, ahora defienden la inercia de su continuidad. Se convierten en un nuevo interés que ya no coincide con su objetivo inicial.

Terminamos de presenciar como la inercia de los intereses financieros, que tiende mecÔnicamente a la concentración en cada vez menos manos y decisiones, colapsó el sistema económico mundial. Presidentes y representantes populares de todos los niveles, se evidenciaron prisioneros de esos capitales que son los que financian toda actividad.

Por tanto se vieron obligados a “salvar” una arquitectura económica parĆ”sita, desprotegiendo a los que supuestamente representan. Ahora el pueblo, el verdadero perdedor, ha de pagar “la pĆ©rdida”, ademĆ”s de quedarse sin empleos, ahorros ni viviendas. De ese modo la solución, la función especializada para financiar las actividades, se convirtió en el problema.

Ahora toda la sociedad, todo el ecosistema, lo viviente estÔ a su servicio, presa de su continuidad. Por lo cual dentro de toda esta compleja red de intereses que interactúan simultaneamente tenemos uno mÔs. Los crecientes números de gente desocupada, sin hogar, alimento ni servicios de salud, que no pueden satisfacer sus necesidades.

Es de suponerse entonces que por la misma fuerza, velocidad, intensidad de los hechos desencadenados, han de ordenarse e imponerse prioridades. ¿O acaso es posible que el show mediĆ”tico, el sueƱo americano, el rating, el american idol y toda esa venta de imĆ”genes insustanciales e inĆŗtiles, todo lo secundario que ha ocupado el lugar de lo esencial, siga hipnotizando, hechizando la mirada colectiva, cuando las vĆ­sceras duelen, gritan y lloran?

La actitud firme y decidida que ha ido sustituyendo en esta última década, la asustada y ferviente complacencia servil en la mayoría de los representantes del tercer mundo que acudieron a la cumbre, es señal clara de que las condiciones fÔcticas cambiaron. No podemos decir que hemos crecido lo suficiente para pararnos de igual a igual.

Hay multiplicidad de señales de que aún creemos relacionarnos con mayores, que han de darnos permiso o reconocernos como iguales, de que aún esperamos que alguien nos salve o ayude a hacer lo que estamos ya en perfecta capacidad de hacer. Sin embargo, era unÔnime de que aquellos tiempos cambiaron y ya no se nos puede tratar igual ni respondernos tonterías como a niños ignorantes, ingenuos, crédulos e impotentes.

El presidente Evo Morales contó en la cumbre del ALBA, que había leído los documentos donde en la OEA se excluye a Cuba por comunista. El se declaró comunista y marxista y dijo que si ese anacronismo era la razón, que lo excluyeran y embargaran ahora a Bolivia.

Al seƱor Insulza no le quedó mĆ”s remedio que poner sus barbas en remojo, y proponer la desarticulación de esa ridĆ­cula decisión para la próxima reunión de la OEA. ¿Por quĆ© ahora sĆ­? Cuando la ONU hace muchos aƱos que viene decidiendo por aplastante mayorĆ­a la injusticia y el final de ese embargo?

Hay que cambiar la estructura financiera mundial, hay que crear nuevas monedas internacionales que no estén en manos de ningún particular. Hay que impulsar la solidaridad, la complementación, el respeto por el medio ambiente. Ya no es un asunto de gustos o disgustos, sino de despertar del sueño mediÔtico y darnos cuenta que estÔ en juego la supervivencia.

Y no son solo palabras. A la cumbre de las Américas llegaron los mandatarios de la cumbre del ALBA desde CumanÔ, en las costas de Venezuela, enfrente a Trinidad Tobago y a unas pocas millas marítimas. Y ya funciona un Banco del Alba que financia múltiples proyectos complementarios sin exigencias, desde el mutuo respeto y soberanía de decisiones.

VenĆ­an de aprobar el Sucre, como moneda virtual de intercambio entre los paĆ­ses que la componen, a los cuales se suma Ecuador y pidió su integración San Vicente y las Granadinas. Ninguno de ellos aceptó la declaración “negociada” de la cumbre de las AmĆ©ricas, un dinosaurio extinguido de la Ć©poca de Bush. AsĆ­ habrĆ” sido la disidencia que para no hacer un papelón, el presidente anfitrión tuvo que firmarla solito en nombre de los demĆ”s.

¿QuĆ© sucederĆ” ahora? HabrĆ” que observar como se mueven los mĆŗltiples tentĆ”culos de intereses del monstruo internacional, despertĆ”ndose del hechizo de las bellas palabras e imĆ”genes mediĆ”ticas preparadas para la ocasión. Las direcciones de hechos siempre son visibles y medibles, porque ningĆŗn producto se esfuma en el aire, siempre va a parar a los bolsillos de alguien.

Ese es el problema real para los prestidigitadores y creadores de sueƱos, que ya no resulta tan fƔcil tras miles de aƱos, convencernos de que les entreguemos el oro y la plata por vidrios de colores, alcohol y armas. Ya no nos impresionan tanto sus pomposas galas y rituales, ya no creemos que nuestra desnudez e ignorancia de sus malas artes y maƱas, sea seƱal de nuestra inferioridad.

Si ellos sacrificaron, reprimieron su sexualidad y emociones en pos de futuras ilusiones e ideologĆ­as, ese es su tema. No pueden culparnos a nosotros de su sequedad, vaciedad, inmovilidad de caderas, insensibilidad de miradas que convierte todo lo que tocan en estatuas sin vida. No somos los culpables de que teman y odien todo lo que reprimieron y obligaron a traducirse, de que ahora deseen y adoren un mundo de cosas erotizado, fetichizado.

Liberémonos del hechizo del Dios dinero, de las cosas y el consumismo, y volvamos a la dulzura de movimiento de nuestros vientres y caderas, a la tibieza y amable alegría de nuestras relaciones, danzas y cantos, no intermediadas por sueños que solo nos han generado inútil dolor y sufrimiento mental. Y desde esa sencillez y sinceridad volvamos a reconocernos y expresar lo que realmente somos.

No nos neguemos, reprimamos y posterguemos mÔs por cosas inexistentes y secundarias, que llevamos miles de años persiguiendo sin jamÔs llegar a ninguna parte, porque todo lo insustancial se nos diluye entre las manos como sueños a la luz del despertar. Llegó la hora de comprender que somos todo lo que existe, y que ese todo es estructural y complementario.

No podemos partirnos en pedazos, quedarnos con unos y desechar otros. Porque como sombras o fantasmas nos acompañarÔn adónde nuestra imaginación nos lleve. El cuerpo es un vehículo complementario de la mente y viceversa, como la femenino lo es de lo masculino y lo negro de lo blanco, lo superior de lo inferior. Lo uno sin lo otro no tiene sentido ni existencia.

Simplemente unos protagonistas se visten mÔs llamativamente y adquieren roles de prima donna según las exigencias de cada momento. Pero no pueden hipnotizarse ni quedarse pegados de ello, porque al momento siguiente el baile de disfraces se termina y todos volvemos a quedar desnuditos. Algunos bailes duran miles de años, cientos, otros décadas y aún solo segundos. Pero bajo ellos siempre seguimos desnuditos, siendo lo que somos


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