FRACASÓ LA FARSA DE TBILISI

Viernes, 13 de marzo de 2009
FRACASÓ LA FARSA DE TBILISI
Fuente: The Voice of Russia


Quedó abortada la farsa antirrusa que Tbilisi quería montar en Eurovisión 2009. Georgia se negó a participar en el concurso porque se le prohibió interpretar una canción que contenía invectivas contra Rusia.

En el certamen europeo de la canción que se celebrará en mayo en Moscú, los intérpretes georgianos querían cantar una canción que tiene las siguientes palabras: “No queremos dar un paso en falso, éste mata el ritmo”. La cuestión consiste en que en inglés, en el que se ejecuta, esta frase suena ambiguamente. En traducción por escrito tiene precisamente tal sentido. Pero de oído se la puede entender de otra manera: “No queremos a Putin”.

Incluso si nos abstraemos de las reglas del concurso y, simplemente, vamos al grano, este “juego de palabras” recuerda una cochinada. A tales vilezas suelen acudir cuantos no están en condiciones de mostrar al mundo nada sustancial. Los propios miembros del grupo no negaban que su canción “We don‘t wonna put in” fuese una invectiva contra Rusia.

La Unión Europea de Radiodifusión informó el martes a la parte georgiana de que el texto no satisfacía las reglas de la competición. En particular, fue violado uno de los puntos según el cual los participantes no deben usar exhortaciones políticas u otras. Se le propuso a la parte georgiana cambiar el texto de la canción o bien, presentar en el concurso otra canción o, incluso a otro intérprete. Se podía hacerlo hasta el 16 de marzo.

Tal es la decisión europea, no rusa, puntualiza el politólogo Serguey Mijev.

Es obvio que Eurovisión no es escenario para ajustar “cuentas políticas”. El dictamen de la comisión de Eurovisión con sede en Ginebra lo manifestó palmariamente. Rusia, de suyo se entiende, no tiene resortes para presión a esta entidad. En general, tenemos relaciones bastante complicadas con Europa. Pero, ente caso, como ven ustedes, incluso los europeos decidieron que una canción con un subtexto político concreto sería fuera de lugar.

Muchos esperaban que Tbilisi volviese sobre sí y no procurase convertir la fiesta de la canción en una bufonada política. Había que dar un solo paso: aceptar las condiciones presentadas. Sin embargo, las esperanzas de que la parte georgiana recupere su sentido común no se justificaron. El miércoles declaró que no cambiaría el texto y luego se negó oficialmente a participar en el certamen. Es posible que no se haya dicho aún la última palabra en esta historia. Pero, en todo caso una cosa está clarísima: si los georgianos no cambian de actitud y no llegan a Moscú, perderán tan solo ellos.


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