Viernes, 2 de Enero de 2009Que los dirigentes no olviden nunca que esta es la Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes
Por: RaĆŗl Castro
Rebelión
Santiagueras y santiagueros; Orientales;
Combatientes del Ejército Rebelde, la lucha clandestina y de cada combate en defensa de la Revolución durante estos 50 años;
Compatriotas:
El primer pensamiento, un dĆa como hoy, para los caĆdos en esta larga lucha. Ellos son paradigma y sĆmbolo del esfuerzo y el sacrificio de millones de cubanos. En estrecha unión, empuƱando las poderosas armas que han significado la dirección, las enseƱanzas y el ejemplo de Fidel, aprendimos en el rigor de la lucha a transformar sueƱos en realidades; a no perder la calma y la confianza frente a peligros y amenazas; a levantar el Ć”nimo tras los grandes reveses; a convertir en victoria cada reto y a superar las adversidades, por insuperables que pudieran parecer.
Los que hemos tenido el privilegio de vivir con toda intensidad esta etapa de nuestra historia, sabemos bien cuĆ”n cierta ha resultado la alerta que nos hizo aquel 8 de enero de 1959, en su primer discurso al entrar a la capital: "La tiranĆa ha sido derrocada. La alegrĆa es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavĆa. No nos engaƱamos creyendo que en lo adelante todo serĆ” fĆ”cil; quizĆ”s en lo adelante todo sea mĆ”s difĆcil", concluyó. Por primera vez el pueblo cubano alcanzaba el poder polĆtico. En esta ocasión, junto a Fidel, los mambises sĆ entraron a Santiago de Cuba. AtrĆ”s quedaban 60 aƱos exactos de dominación absoluta del naciente imperialismo norteamericano, que no tardarĆa en mostrar sus verdaderos propósitos, al impedir la entrada a esta ciudad del EjĆ©rcito Libertador.
AtrÔs quedaron también la gran confusión y sobre todo la frustración enorme que generó la intervención norteamericana. Sin embargo se mantuvo en vilo, mÔs allÔ de su disolución formal, la voluntad de lucha del Ejército Mambà y el pensamiento que guió las armas de Céspedes, Agramonte, Gómez, Maceo y tantos otros próceres y combatientes por la independencia.
Vivimos algo mĆ”s de cinco dĆ©cadas de gobiernos corruptos, de nuevas intervenciones norteamericanas; la tiranĆa machadista y la revolución frustrada que la derrocó. MĆ”s tarde, en 1952, el golpe de Estado, con el apoyo del gobierno norteamericano, instauró nuevamente la dictadura, fórmula aplicada en esos aƱos para asegurar su dominio en AmĆ©rica Latina.
Para nosotros quedó claro que la lucha armada era la Ćŗnica vĆa. A los revolucionarios se nos planteaba nuevamente, como a MartĆ antes, el dilema de la guerra necesaria por la independencia que quedó trunca en 1898. El EjĆ©rcito Rebelde retomó las armas mambisas y despuĆ©s del triunfo se transformó para siempre en las invictas Fuerzas Armadas Revolucionarias.
La Generación del Centenario, que en 1953 asaltó los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de CĆ©spedes, contó con el importante legado de MartĆ, con su visión global humanĆstica que va mĆ”s allĆ” de la consecución de la liberación nacional.
En tĆ©rminos históricos, fue breve el tiempo que medió entre la frustración del sueƱo mambĆ y el triunfo en la Guerra de Liberación. A comienzos de este perĆodo, Mella, uno de los fundadores de nuestro primer partido comunista y creador de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), se convierte en heredero legĆtimo y puente que une el pensamiento martiano y las ideas mĆ”s avanzadas.
Fueron años de maduración de la conciencia y la acción de obreros y campesinos, y de formación de una intelectualidad genuina, valiente y patriota que los ha acompañado hasta el presente.
El magisterio cubano, fiel depositario de las tradiciones de lucha de sus predecesores, las sembró en lo mejor de las nuevas generaciones.
Desde el mismo momento del triunfo, se hizo evidente para cada hombre y mujer humilde que la Revolución era un justiciero cataclismo social que tocó todas las puertas, desde los palacetes de la Quinta Avenida en la capital, hasta el mĆ”s misĆ©rrimo y apartado bohĆo de nuestros campos y montaƱas.
Las leyes revolucionarias no sólo dieron cumplimiento al programa del Moncada, lo superaron con creces en la lógica evolución del proceso. AdemÔs sentaron un precedente para los pueblos de nuestra América que hace 200 años iniciaron el movimiento emancipador del colonialismo.
En Cuba, la historia americana tomó rumbos diferentes. Nada moralmente valioso ha sido ajeno al torbellino que aun antes del primero de enero de 1959, comenzó a barrer oprobios e inequidades, a la vez que abrió paso al gigantesco esfuerzo de todo un pueblo, decidido a darse a sà mismo cuanto merece y ha logrado levantar con su sangre y su sudor.
Millones de cubanas y cubanos han sido trabajadores, estudiantes, soldados, o simultƔneamente las tres cosas, cuantas veces las circunstancias lo han exigido.
La sĆntesis magistral de NicolĆ”s GuillĆ©n resumió el significado para el pueblo del triunfo de enero de 1959: "Tengo lo que tenĆa que tener", dice uno de sus versos, refiriĆ©ndose no a riquezas materiales, sino a ser dueƱos de nuestro destino.
Es una victoria doblemente meritoria, porque ha sido alcanzada a pesar del odio enfermizo y vengativo del poderoso vecino.
El fomento y apoyo al sabotaje y el bandidismo; la invasión de Playa Girón; el bloqueo y demĆ”s agresiones económicas, polĆticas y diplomĆ”ticas; la permanente campaƱa de mentiras dirigida a denigrar a la Revolución y sus lĆderes; la Crisis de Octubre, los secuestros y ataques a embarcaciones y aeronaves civiles; el terrorismo de Estado, con su terrible saldo de 3 478 muertos y 2 099 incapacitados; los planes de atentados a Fidel y otros dirigentes; los asesinatos de obreros, campesinos, pescadores, estudiantes, diplomĆ”ticos y combatientes cubanos. Esos y otros muchos crĆmenes dan fe del tozudo empeƱo de apagar a cualquier precio la luz de justicia y decoro que significó la alborada del Primero de Enero.
Una tras otra, todas las administraciones norteamericanas no han cesado de intentar forzar un cambio de rĆ©gimen en Cuba, empleando una u otra vĆa, con mayor o menor agresividad.
Resistir ha sido la palabra de orden y la clave de cada una de nuestras victorias, durante este medio siglo de ininterrumpido batallar, en que hemos partido invariablemente de jugarnos nuestra propia piel, sin dejar de reconocer la amplia y decisiva solidaridad recibida.
Desde hace muchos aƱos, los revolucionarios cubanos nos atenemos a la mƔxima martiana: "La libertad cuesta muy cara, y es necesario o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio".
En esta plaza, en el 30 aniversario del triunfo, Fidel nos dijo: "AquĆ estamos porque hemos podido resistir". Una dĆ©cada despuĆ©s, en 1999, desde este mismo balcón, afirmó que el perĆodo especial constituĆa "la mĆ”s extraordinaria pĆ”gina de gloria y firmeza patriótica y revolucionaria, (…) cuando nos quedamos absolutamente solos en medio de Occidente a 90 millas de Estados Unidos y decidimos seguir adelante". Fin de la cita. AsĆ lo repetimos hoy.
Ha sido una resistencia firme, ajena a fanatismos, basada en sólidas convicciones y en la decisión de todo un pueblo de defenderlas al precio que sea necesario. Ejemplo vivo de ello en estos momentos es la inconmovible firmeza de nuestros gloriosos Cinco HĆ©roes (Aplausos y exclamaciones de: "¡Viva!") .
Hoy no estamos solos frente al imperio en este lado del ocĆ©ano, como ocurrió en los aƱos sesenta, cuando los Estados Unidos impusieron el absurdo de expulsar de la OEA, en enero de 1962, a Cuba, el paĆs que poco antes habĆa sido vĆctima de una invasión organizada por el gobierno norteamericano y escoltada hasta nuestras costas por sus buques de guerra. Precisamente, como se ha demostrado, esa expulsión era el preludio de una intervención militar directa, impedida sólo por el despliegue de los cohetes nucleares soviĆ©ticos que desembocó en la Crisis de Octubre, conocida mundialmente como la crisis de los mĆsiles.
Hoy la Revolución es mĆ”s fuerte que nunca y jamĆ”s ha cedido un milĆmetro en sus principios, ni en los momentos mĆ”s difĆciles. No cambia en lo mĆ”s mĆnimo esa verdad que algunos pocos se cansen y hasta renieguen de su historia, olvidĆ”ndose de que la vida es un eterno batallar.
¿Significa que han disminuido los peligros? No, no nos hagamos ilusiones. Cuando conmemoramos este medio siglo de victorias, se impone la reflexión sobre el futuro, sobre los próximos cincuenta aƱos que serĆ”n tambiĆ©n de permanente lucha.
Observando las actuales turbulencias del mundo contemporƔneo, no podemos pensar que serƔn mƔs fƔciles, lo digo no para asustar a nadie, es la pura realidad.
TambiĆ©n debemos tener muy presente lo que Fidel nos dijo a todos, pero especialmente a los jóvenes, en la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre del 2005: "Este paĆs puede autodestruirse por sĆ mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sĆ, nosotros podemos destruirla, y serĆa culpa nuestra", sentenció.
Ante esta posibilidad, me pregunto: ¿cuĆ”l es la garantĆa de que no ocurra algo tan terrible para nuestro pueblo? ¿Cómo evitar un golpe tan anonadante que necesitarĆamos mucho tiempo para recuperarnos y alcanzar de nuevo la victoria?
Hablo en nombre de todos los que hemos luchado, desde los primeros disparos en los muros del Moncada, hace 55 aƱos, hasta los que cumplieron heroicas misiones internacionalistas.
Hablo, por supuesto, también en nombre de los que cayeron en las guerras de independencia y mÔs recientemente en la Guerra de Liberación. En representación de todos ellos, hablo en nombre de Abel y José Antonio, de Camilo y Che, cuando afirmo, en primer lugar, que ello exige de los dirigentes del mañana que no olviden nunca que esta es la Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes; que no se reblandezcan con los cantos de sirena del enemigo y tengan conciencia de que por su esencia, nunca dejarÔ de ser agresivo, dominante y traicionero; que no se aparten jamÔs de nuestros obreros, campesinos y el resto del pueblo; que la militancia impida que destruyan al Partido.
Aprendamos de la historia.
Si actĆŗan asĆ, contarĆ”n siempre con el apoyo del pueblo, incluso cuando se equivoquen en cuestiones que no violen principios esenciales. Pero si sus actos no estuvieran en consonancia con esa conducta, no contarĆ”n siquiera con la fuerza necesaria ni la oportunidad para rectificar, pues les faltarĆ” la autoridad moral que sólo otorgan las masas a quienes no ceden en la lucha. Pudieran terminar siendo impotentes ante los peligros externos e internos, e incapaces de preservar la obra fruto de la sangre y el sacrificio de muchas generaciones de cubanos. Si ello llegara a suceder, nadie lo dude, nuestro pueblo sabrĆ” dar la pelea, y en la primera lĆnea estarĆ”n los mambises de hoy, que no se desarmarĆ”n ideológicamente ni dejarĆ”n caer la espada. Corresponde a la dirección histórica de la Revolución preparar a las nuevas generaciones para asumir la enorme responsabilidad de continuar adelante con el proceso revolucionario.
Esta heroica ciudad de Santiago, y Cuba entera, fue testigo del sacrificio de miles de compatriotas; de la ira acumulada ante tanta vida tronchada por el crimen; del dolor infinito de nuestras madres y del valor sublime de sus hijas e hijos.
AquĆ nació un joven revolucionario, de sólo 22 aƱos al caer asesinado, que simboliza esa disposición al sacrificio, pureza, valentĆa, serenidad y amor a la patria de nuestro pueblo: Frank PaĆs GarcĆa.
En esta tierra oriental nació la Revolución. AquĆ fue la clarinada de La Demajagua y el 26 de Julio; aquĆ desembarcamos en el Granma e iniciamos el combate en montaƱas y llanos, que luego se extendió a toda la isla. Como dijo Fidel en La Historia me AbsolverĆ”, aquĆ "cada dĆa parece que va a ser otra vez el de Yara o el de Baire".
¡Nunca mĆ”s volverĆ”n la miseria, la ignominia, el abuso y la injusticia a nuestra tierra!
¡JamĆ”s regresarĆ” el dolor al corazón de las madres ni la vergüenza al alma de cada cubano honesto!
Es la firme decisión de una nación en pie de lucha, consciente de su deber y orgullosa de su historia (Aplausos). Nuestro pueblo conoce cada imperfección de la obra que Ć©l mismo ha levantado con sus brazos y defendido a riesgo de su vida. Los revolucionarios somos nuestros principales crĆticos. No hemos dudado en dilucidar deficiencias y errores pĆŗblicamente. Sobran los ejemplos pasados y recientes.
Desde el 10 de octubre de 1868, la desunión fue causa fundamental de nuestras derrotas. A partir del primero de enero de 1959, la unidad, forjada por Fidel, ha sido garantĆa de nuestras victorias. Nuestro pueblo logró mantenerla frente a todos los avatares e intentos divisionistas y ha sabido situar los anhelos comunes por encima de las diferencias, derrotar mezquindades a fuerza de colectivismo y generosidad.
Las revoluciones sólo avanzan y perduran cuando las lleva adelante el pueblo. Haber comprendido esa verdad y actuado invariablemente en consecuencia con ella, ha sido factor decisivo de la victoria de la Revolución cubana frente a enemigos, dificultades y retos en apariencia invencibles.
Al arribar al primer medio siglo de Revolución triunfante, llegue el principal tributo a nuestro maravilloso pueblo; a su ejemplar decisión, valor, fidelidad, vocación solidaria e internacionalista; a su extraordinaria demostración de voluntad, espĆritu de sacrificio y confianza en la victoria, en el Partido, en su mĆ”ximo lĆder y sobre todo en sĆ mismo.
Sé que expreso el sentir de mis compatriotas y de muchos revolucionarios en el mundo, al rendir homenaje en esta hora al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz (Aplausos y exclamaciones).
Un individuo no hace la historia, lo sabemos, pero hay hombres imprescindibles capaces de influir en su curso de manera decisiva. Fidel es uno de ellos, nadie lo duda, ni aun sus enemigos mƔs acƩrrimos.
Desde muy joven hizo suyo un pensamiento martiano: "Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maĆz". Lo convirtió en escudo contra lo fatuo y lo pasajero, en su principal arma para transformar halagos y honores, por merecidos que fueran, en mayor modestia, honradez, voluntad de lucha y amor por la verdad, que invariablemente ha situado por encima de todo.
A estas ideas se refirió, en esta misma plaza, hace 50 años. Sus palabras de aquella noche mantienen absoluta vigencia.
En este especial momento que nos hace meditar en el camino recorrido y sobre todo en el aĆŗn mĆ”s largo que estĆ” por delante, cuando ratificamos nuevamente el compromiso con el pueblo y nuestros mĆ”rtires, permĆtanme concluir repitiendo la alerta premonitoria y el llamado al combate que nos hiciera el Comandante en Jefe en este histórico lugar, el primero de enero de 1959, cuando seƱaló:
"No creemos que todos los problemas se vayan a resolver fÔcilmente, sabemos que el camino estÔ trillado de obstÔculos, pero nosotros somos hombres de fe, que nos enfrentamos siempre a las grandes dificultades. PodrÔ estar seguro el pueblo de una cosa, que es que podemos equivocarnos una y muchas veces, lo único que no podrÔ decir jamÔs de nosotros es que robamos, que traicionamos".
Y agregó: "Nunca nos dejaremos arrastrar por la vanidad ni por la ambición, (…) no hay satisfacción ni premio mĆ”s grande que cumplir con el deber", concluyó.
En una fecha de tanto significado y simbolismo, reflexionemos sobre estas ideas que constituyen guĆa para el revolucionario verdadero. HagĆ”moslo con la satisfacción de haber cumplido el deber hasta el presente; con el aval de haber vivido con dignidad el mĆ”s intenso y fecundo medio siglo de historia patria y con el firme compromiso de que en esta tierra siempre podremos exclamar con orgullo:
¡Gloria a nuestros hĆ©roes y mĆ”rtires!
¡Viva Fidel!
¡Viva la Revolución!
¡Viva Cuba libre!
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