Martes, 30 de dicembre de 2008Navidad, propósitos sencillos
Por: Frei Betto
En esta Navidad guardarƩ en cajas bien cerradas lo que me cambia en aquel que no soy: la envidia, los celos, la sed de venganza y todos los resentimientos que me corroen las entraƱas. Lacradas las cajas, las arrojarƩ todas a las profundidades del mar del olvido.
En esta Navidad vaciarƩ el escondrijo de mis torpes intenciones, los cajones de tantas ilusiones vanas, los armarios de ambiciones compulsivas. A pies descalzos recorrerƩ la senda saludable de una existencia modesta, a veces solitaria, siempre solidaria.
No prestarĆ© oĆdos al graznar de los cuervos en mis ventanas, ni permanecerĆ© indiferente a las acuarelas pintadas por el dolor ajeno, y mantendrĆ© vedada la chimenea a la entrada consumista de Papito Noel.
TejerĆ©, con las agujas del arrullo y los hilos invisibles del misterio, la alfombra prometedora de los sueƱos que fomentan mi entusiasmo. ArriarĆ© las banderas de la altivez militante y, en un cuenco de barro, derramarĆ© sencillos propósitos: refrenar la lengua de maldecir a otros, reconocer mis propias flaquezas, ejercer el difĆcil arte de perdonar. Lo sorberĆ© de un solo trago, hasta embriagarme de compasión.
En la terraza de mi casa armarĆ© un Ć”rbol de Navidad cuyo tronco serĆ” de la misma madera que los principios que rigen mis pasos; sus ramas, las sendas seductoras a las que me atrevĆ a decir no; sus flores, la paz experimentada al encerrarme en el silencio interior; sus frutos, esa esperanza-oruga que insiste en metamorfosearse en utopĆa sobrevolando el pesimismo que me asalta.
Al pie de mi Ć”rbol dejarĆ© vacĆos los zapatos de mis errĆ”ticas peregrinaciones al mundo inconsĆŗtil de los apegos que me ocultan lo que ofrece la vida mejor: la experiencia amorosa de trascenderla. A su lado mi lista de peticiones: la levedad imponderable de la meditación, el don de respetar el lĆmite de las palabras, la felicidad de saciarme en la brevedad de mis dĆas.
En esta Navidad montarĆ© en el rincón de la sala el belĆ©n de mis inquietudes. En lugar de franciscanos animales la Declaración Universal de los Derechos Humanos; como san JosĆ© un Ć”rabe fiel al CorĆ”n; MarĆa serĆ” una joven judĆa parecida a la de Nazaret; Y JesĆŗs un niƱo africano carcomido por el hambre.
Que los reyes magos traigan tres ofrendas: el ramo de olivo en el pico de la paloma que anunció a NoĆ© el fin del diluvio; la brisa suave que sopló sobre el profeta ElĆas; el pan repartido en la posada de EmaĆŗs.
No celebraré solemnes liturgias disonantes con el gloria cantado por los Ôngeles del pesebre; no me hartaré en cenas pantagruélicas mientras el Niño se resguarda del relente en un tronco hueco; ni daré regalos que me duelen en el bolso y en el corazón, envueltos en falsos sentimientos.
SĆ, me harĆ© presente allĆ donde la familia sin techo, expulsada de BelĆ©n, ocupa un pedazo de tierra en las cercanĆas de la ciudad para que del vientre de MarĆa brote la certeza de que la justicia habrĆ” de brillar como la estrella de David.
En esta Navidad serĆ© todo oraciones, bailarĆ© al son de las cĆtaras del reino de Salomón, saldrĆ© por las calles entonando salmos, abandonarĆ© todos los utensilios para nieve y, en este paĆs tropical, dejarĆ© que dĆ© el sol en mi alma.
RecogerĆ© las lĆ”grimas de los desesperados para regar mi jardĆn de girasoles, y arrancarĆ© las injurias de la boca de los airados para revocar la ley del talión. En los callejones de la ciudad celebrarĆ© con los borrachos, los mendigos, las prostitutas, a quienes llamarĆ© con un Ćŗnico nombre: Enmanuel. Y, en un gran circo mĆstico, buscarĆ© con ellos la respuesta a la pregunta que nunca se calla: "¿QuĆ© serĆ” quĆ© serĆ” lo que cantan los poetas mĆ”s delirantes y que no tiene arreglo ni nunca lo tendrĆ”?"
En esta Navidad ruego a Dios resucitar el niƱo escondido en algĆŗn rincón apartado de mi memoria, el que fui un dĆa, niƱo que sabĆa confiar y, desprovisto del pudor del ocio, libre de las amarguras del tiempo, era capaz de imprimir fantasĆas coloridas al lado oscuro de la vida.
Quiero una Navidad de brindis a la alegrĆa de vivir, himnos a la gratitud de la fe, odas a la magia inefable de la amistad. Navidad cuyo pesebre sea mi propio corazón, en el cual el NiƱo JesĆŗs deshaga nudos y haga desparramarse todo el amor que se oculta en los sombrĆos poros de mi ego.
- Frei Betto es escritor, autor de "El arte de sembrar estrellas", entre otros libros.
0 Comentarios