Ser Revolucionario es hacer la Revolución. Chávez es Socialismo
Por: Martín Guédez
Un millón, quizás más, de virtudes revolucionarias y al menos un grave defecto. Un balance extraordinario para cualquier ser humano, sin embargo un balance delicado para quien tiene la inmensa responsabilidad de conducir esta nave en la que van las esperanzas de un pueblo.
El propio presidente Chávez reconocía este defecto, hace apenas unos días, atribuyéndolo a la inmadurez propia de su acontecer.
Chávez es una persona de carácter sanguíneo y apasionado, un carácter que lo acompaña como su sombra proporcionándole ese carisma que a la inmensa mayoría del pueblo encanta. No obstante, ese carácter sanguíneo lo ha inducido a costosos errores particularmente cuando de la evaluación de las personas se trata. No he conocido nadie más generoso para el reconocimiento exaltado hasta convertirlo en un peso muerto a la razón, como tampoco he conocido alguien tan duro cuando de la descalificación se trata. Ambos extremos resultan una tara para la sindéresis.
Lo mismo eleva hasta el cielo sin medida como aplasta sin misericordia. Eso, que en cualquier otro proceso revolucionario no pasaría de ser un ligero inconveniente en el nuestro pesa como una lápida. No existiendo esa vanguardia del pensamiento que debe acompañar y blindar todo proceso, cualquier gesto, cualquier palabra del presidente adquiere para la inmensa mayoría carácter de sentencia.
Cuando el presidente exalta hasta acariciar el cielo a determinados colaboradores estos se tornan invulnerables, intocables, casi infalibles a los ojos de un pueblo que acaso tenía sus dudas respecto de los méritos reales de algunos de estos personajes. Cuestionarlos en cualquier acción por ellos ejecutadas aún cuando se dispongan de sobradas pruebas adquiere tintes heréticos. Puede el Presidente elevar hasta las alturas sin fórmula de juicio como puede hundir en el ostracismo con sólo un gesto.
Otra vez Venezuela se enfrenta al desconcierto de una falla eléctrica de proporciones gigantescas. Quienes se han atrevido a señalar con anticipación la ineficacia en el tratamiento del tema han sido excomulgados por nuestra propia gente o en el mejor de los casos desoídos. Eso debemos cambiarlo por el bien de la Revolución. No podemos continuar ejerciendo el oficio de lambiscones a la espera de un gesto del presidente para aplaudir o de otro gesto para rechiflar.
Hace más de tres años que este disparate eléctrico para un país como el nuestro ha venido señalándose. En la última oportunidad en la cual se ofrecieron disculpas poco convincentes lo único que faltó fue la canonización de quienes tienen la responsabilidad de resolver con eficacia este grave problema y no lo han hecho.
Situaciones como esta –así como tantas otras- deben ser inaceptables por el bien último de la Revolución. No podemos aceptar que en las manos de la ineficacia, la incapacidad y la falta de compromiso revolucionario se destruyan las esperanzas de todo un pueblo. Ni Miquilena era su padre ni Jerónimo Carrera un viejo dogmático cascarrabias. A Chávez hay que ayudarlo de verdad porque Chávez es Revolución y Chávez es Socialismo.
¡CONCIENCIA Y COHERENCIA RADICAL!
Nuestras primeras necesidades.
¡VENCEREMOS!

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