La toma del arzobispado
Néstor Francia
Creo que no se ha hecho aun un análisis de fondo sobre el significado real de la toma del Palacio Arzobispal adelantada por algunos grupos populares el 27 de febrero. He estado pensando mucho en estos días, tratando de comprender. La acción fue, por supuesto, de carácter burocrático, ya que el burocratismo como concepto no depende de que estés en una oficina o no. Ese carácter tiene que ver con el verdadero papel que juega el pueblo en las acciones políticas.
En ese sentido, me late que toda la alharaca termina siendo una algazara entre burócratas, que es observada por el pueblo a través de los medios. Esto significa que no hay nadie en particular a quien condenar, ya que se trata de un problema estructural de este proceso que nos involucra a todos, y allí incluyo al presidente Chávez, que no puede exonerarse a sí mismo de todo el ruido interno que se está escuchando preocupantemente en el campo revolucionario, con las grandes mayorías como espectadoras. Yo no veo presencia de debate popular en torno al lío Tascón-Cabello, o al asunto Carlos Jiménez-Luisa Ortega Díaz-Luisa Estela Morales, o al caso Ulises Daal-Directiva de la AN.
El más grave problema nuestro no es que unos grupos tomen el arzobispado, una acción con visos de anarquía, sin duda, sino que la incoherencia que en general se viene sintiendo al interior del movimiento revolucionario tiene que ver con la ausencia de una dirección colectiva sostenida en verdaderos instrumentos políticos enclavados en el corazón y en la vida cotidiana del pueblo, en sus sudores, en sus lágrimas, en sus carencias, en sus reclamos, en sus alegrías, en sus esperanzas. Porque no me vengan a decir que el PSUV es eso, al menos no por ahora.
El inmenso pueblo anda siguiendo este congreso fundacional desde lejos, mientras lidia con la escasez, el deterioro de las misiones, la inflación, la inseguridad, la indolente burocracia del Estado, todo ello exagerado por la labor de zapa de los medios oligárquicos, y facilitado por la monotonía del discurso oficial y la permanente incapacidad para generar políticas comunicacionales que no estén atrapadas en la propaganda y la confrontación superficial, sino que sirvan de verdad a la elevación del nivel político-cultural del pueblo y que contribuyan a fortalecer su participación y su protagonismo que se han visto estancados, si no mermados.
En una situación tan complicada como la que describo, difícilmente se puede andar buscando culpables de los gazapos sin que cada quien, usted también, querido Presidente, así como yo mismo, mire su propio ombligo y hurgue en las basuritas que lo oscurecen. El problema es que la revolución ha venido degenerando en gobierno, y esta situación hay que revertirla so pena de que la derecha nos siga metiendo zancadillas y ganándonos terreno. Tengo gran confianza en el pueblo, que ha aprendido bastante en el interesante proceso político que desató a gran escala la victoria de Hugo Chávez.
Sería mezquino y hasta estúpido negar los importantes logros de la revolución bolivariana. Pero eso no puede darnos pie a dormirnos en nuestros laureles, porque el camino tiende a torcerse, eso lo dice la gente en la calle y el que anda pateando aceras como yo lo escucha a cada rato. La revolución está vivita y coleando, mucho más que los gobernantes, digo yo, que son parte de ella, pero una parte secundaria. Porque el mismo Chávez lo dijo: “Me monté en una ola y a lo mejor la ola me pasa por encima mañana, no sé si me importa. Que la ola siga su rumbo, eso sí, que siempre haya un colectivo llevando la ola, el hombre individual no importa absolutamente para nada” (Discurso pronunciado el 19 de abril de 1999). Creo que la ola seguirá chocando contra los escollos, y al final llegará a la playa.
Néstor Francia
Creo que no se ha hecho aun un análisis de fondo sobre el significado real de la toma del Palacio Arzobispal adelantada por algunos grupos populares el 27 de febrero. He estado pensando mucho en estos días, tratando de comprender. La acción fue, por supuesto, de carácter burocrático, ya que el burocratismo como concepto no depende de que estés en una oficina o no. Ese carácter tiene que ver con el verdadero papel que juega el pueblo en las acciones políticas.
En ese sentido, me late que toda la alharaca termina siendo una algazara entre burócratas, que es observada por el pueblo a través de los medios. Esto significa que no hay nadie en particular a quien condenar, ya que se trata de un problema estructural de este proceso que nos involucra a todos, y allí incluyo al presidente Chávez, que no puede exonerarse a sí mismo de todo el ruido interno que se está escuchando preocupantemente en el campo revolucionario, con las grandes mayorías como espectadoras. Yo no veo presencia de debate popular en torno al lío Tascón-Cabello, o al asunto Carlos Jiménez-Luisa Ortega Díaz-Luisa Estela Morales, o al caso Ulises Daal-Directiva de la AN.
El más grave problema nuestro no es que unos grupos tomen el arzobispado, una acción con visos de anarquía, sin duda, sino que la incoherencia que en general se viene sintiendo al interior del movimiento revolucionario tiene que ver con la ausencia de una dirección colectiva sostenida en verdaderos instrumentos políticos enclavados en el corazón y en la vida cotidiana del pueblo, en sus sudores, en sus lágrimas, en sus carencias, en sus reclamos, en sus alegrías, en sus esperanzas. Porque no me vengan a decir que el PSUV es eso, al menos no por ahora.
El inmenso pueblo anda siguiendo este congreso fundacional desde lejos, mientras lidia con la escasez, el deterioro de las misiones, la inflación, la inseguridad, la indolente burocracia del Estado, todo ello exagerado por la labor de zapa de los medios oligárquicos, y facilitado por la monotonía del discurso oficial y la permanente incapacidad para generar políticas comunicacionales que no estén atrapadas en la propaganda y la confrontación superficial, sino que sirvan de verdad a la elevación del nivel político-cultural del pueblo y que contribuyan a fortalecer su participación y su protagonismo que se han visto estancados, si no mermados.
En una situación tan complicada como la que describo, difícilmente se puede andar buscando culpables de los gazapos sin que cada quien, usted también, querido Presidente, así como yo mismo, mire su propio ombligo y hurgue en las basuritas que lo oscurecen. El problema es que la revolución ha venido degenerando en gobierno, y esta situación hay que revertirla so pena de que la derecha nos siga metiendo zancadillas y ganándonos terreno. Tengo gran confianza en el pueblo, que ha aprendido bastante en el interesante proceso político que desató a gran escala la victoria de Hugo Chávez.
Sería mezquino y hasta estúpido negar los importantes logros de la revolución bolivariana. Pero eso no puede darnos pie a dormirnos en nuestros laureles, porque el camino tiende a torcerse, eso lo dice la gente en la calle y el que anda pateando aceras como yo lo escucha a cada rato. La revolución está vivita y coleando, mucho más que los gobernantes, digo yo, que son parte de ella, pero una parte secundaria. Porque el mismo Chávez lo dijo: “Me monté en una ola y a lo mejor la ola me pasa por encima mañana, no sé si me importa. Que la ola siga su rumbo, eso sí, que siempre haya un colectivo llevando la ola, el hombre individual no importa absolutamente para nada” (Discurso pronunciado el 19 de abril de 1999). Creo que la ola seguirá chocando contra los escollos, y al final llegará a la playa.

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