Por: Secretariado Internacional de la UIT-CI
El bombardeo y el posterior asesinato de Raúl Reyes, integrante de la conducción de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), y otros guerrilleros, perpetrados por el ejército colombiano con apoyo aéreo y de asesores yanquis, sobre territorio ecuatoriano el 1º de marzo es una grave violación de la soberanía de Ecuador y un golpe a las negociaciones para liberar a Ingrid Betancourt.
Ha quedado plenamente establecido que la muerte de Raúl Reyes y de los otros guerrilleros que le acompañaban, no sucedió en combate, sino que se trató de una operación masacre, con la ejecución de prisioneros heridos e indefen sos.
Se ha denunciado que la operación militar contó con la participación de asesores de la CIA y apoyo aéreo norteamericano desde la base militar yanqui de Manta ubicada en el norte de Ecuador.
Estos hechos se producen en un contexto en el cual, según informaron los gobiernos de Ecuador y Francia, se hallaban avanzadas las negociaciones con Raúl Reyes para liberar a la dirigente política colombiana Ingrid Betancourt secuestrada desde hace seis años por las FARC. Es decir, que el primer objetivo de la acción es evidentemente frustrar la negociación por la liberación de los rehenes.
El gobierno colombiano - que no representa los intereses del pueblo trabajador y excluido de Colombia – actúa como un títere del imperialismo yanqui. George Bush dio pleno respaldo tanto a los asesinatos anteriores como a estas acciones de agresión y avasallamiento de la soberanía ecuatoriana y de los pueblos latinoamericanos.
Estados Unidos ha venido dotando a las Fuerzas Armadas genocidas de Colombia de un poderoso arsenal destinado, bajo el argumento del terrorismo y el narcotráfico, a la represión y a la intimidación a las luchas de los trabajadores y campesinos de Colombia. El Plan Colombia y el Plan Patriota han sido el instrumento para ese rearme para ap oyar también al paramilitarismo que asesina a luchadores sociales y populares.
Debemos tomar esta agresión militar a Ecuador como una amenaza a la soberanía de todos los pueblos y trabajadores latinoamericanos .
Consideramos como recursos legítimos y soberanos las acciones tomadas por los presidentes Correa y Hugo Chávez, de reforzar militarmente las extensas zonas de frontera con Colombia como medida defensiva para evitar cualquier tentativa de las fuerzas armadas de ese país. Pero consideramos que es importante evitar el inicio de hostilidades bélicas, porque no será una guerra, entre otras cosas fraticida, la que liberará a los trabajadores y al pueblo colombiano, del yugo que le ha impuesto la oligarquía, los capitalistas y el imperialismo norteamericano.
Los socialistas revolucionarios no estamos por una guerra fraticida entre naciones hermanas que tienen una historia común de lucha contar el colonialismo y el avasallamiento imperialista. Ante el peligro de una nueva agresión militar de la alianza Uribe-Bush, más que la invitación a una confrontación bélica con las fuerzas armadas colombianas, consideramos más útil y revolucionario el llamamiento fraternal al levantamiento del pueblo colombiano, que contaría con el apoyo de los pueblos latinoamericanos, para terminar con el gobierno criminal y proyanqui de Álvaro Uribe que sigue siendo utilizando como trampolín por Bush par a violentar la soberanía de nuestros pueblos.
Repudiamos el asesinato de Raúl Reyes y demás combatientes y hacemos un llamado a las FARC para que desechen las acciones aisladas tomando la senda de la movilización de masas, y, tal como lo reclaman importantes sectores populares colombianos, liberen a los civiles retenidos, por cuanto estos métodos antes que acercarlos, los alejan de las organizaciones populares que están necesitadas de unirse en la lucha contra el régimen de Uribe.
Más que nunca debemos llamar a la movilización de los pueblos latinoamericanos para que conjuntamente con organismos defensores de los derechos humanos y las libertades democráticas que existen en el mundo entero, y apelando a la solidaridad internacional de los trabajadores y oprimidos, denunciemos el siniestro papel que cumple Álvaro Uribe y su jefe político, el Presidente de los Estados Unidos George Bush, el mismo que está ordenando masacrar a los palestinos e iraquíes.
La tarea del momento es aislar al gobierno de Uribe. Las centrales obreras, organizaciones estudiantiles y campesinas, deben ponerse a la cabeza del llamado a exigir en todas partes, mediante movilizaciones que todos los gobiernos latinoamericanos (Lula, Bachelet, Kirchner, Evo Morales, Alan García, Tabaré Vázquez, etc) rompan relaciones diplomáticas con el gobierno colombiano, como ya lo hicieron Ecuador y Venezuela. Y que se unan para exigir la inmediata retirada yanqui de la base de Manta por haberla utilizado para agredir a Ecuador. Reclamamos la clausura de todas las bases militares yanquis en América Latina y la ruptura de todos los compromisos militares con Estados Unidos. Que se reconozcan a las FARC como fuerza beligerante y se repudie que Uribe y Bush las siga catalogando de terroristas.
Llamamos a sumarnos a la jornada internacional del 6 de marzo, convocada desde Bogotá, contra el paramilitarismo y sus crímenes avalados por el gobierno de Uribe. Todos los trabajadores y sectores populares latinoamericanos tenemos que estar unidos para defender a Ecuador, Venezuela, Bolivia o cualquier país latinoamericano de la agresión imperialista a través de Uribe o sus otros títeres latinoamericanos, y par a solidarizarnos con el pueblo colombiano que soporta la represión genocida.
Secretariado Internacional de la UIT-CI
(Unidad Internacional de Trabajadores – Cuarta Internacional)
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