MARTÍ, LOS ESTADOS UNIDOS Y SU SISTEMA ELECTORAL

MARTÍ, LOS ESTADOS UNIDOS Y SU SISTEMA ELECTORAL
por Rolando López del Amo


En las crónicas sobre los Estados Unidos de Norteamérica que José Martí escribía para periódicos de Nuestra América, principalmente para La Nación, de Buenos Aires, trataba los temas más variados. En carta a su amigo mexicano Manuel Mercado, de 13 de noviembre de 1884, podemos encontrar la descripción de estos de mano del propio Martí: “Sale un correo de Nueva York para un país de los nuestros: escribo todo lo que en éste haya ocurrido de notable: casos políticos, estudios sociales, noticias de letras y teatros, originalidades y aspectos peculiares de esta tierra. Muere un hombre notable: estudio su vida. Aparece, acá o en cualquier otra parte del mundo, un libro de historia, de novela, de teatro, de poesía: estudio el libro. Se hace un descubrimiento valioso: lo explico, luego de entenderlo. En fin, una Revista, hecha desde New York sobre todas las cosas que puedan interesar a nuestros lectores cultos, impacientes e imaginativos; pero hecha de modo que pueda publicarse en periódicos diarios.”

Esta labor periodística, para Martí, era mucho más que un modo de ganarse el sustento. Para México, especialmente, Martí le propone a Mercado escribir para el Diario Oficial de México “…una especie de redacción constante de asuntos norteamericanos, estudiados, sin comentarios comprometedores,” que tuvieran relación con “todos los pueblos de nuestra raza, y en especial del mexicano” Y añade: ”Alerta se ha de estar allí a todo esto, sin que por eso se parezca alarmante. Ese sería el mejor modo de ir haciendo opinión y previsión, sin alarmarlos”

Martí se propone, de manera cuidadosa, ir haciendo opinión sobre la verdad acerca de los EEUU. En carta de 22 de mayo de 1886, le comenta a Mercado que las crónicas que está escribiendo (estudios y análisis sobre las cosas de EEUU, “su carácter, elementos y tendencias”), en cinco años de labor, lo han hecho popular en la América del Sur. Con ellas, dice, “he puesto en su lugar ciertas aficiones excesivas que en nuestros países se sienten por éste, sin entrar jamás en denuncias ni censuras concretas”.

Así como creía en la necesidad de mantener bien informada a la opinión pública hispanoamericana, creía también en la posibilidad de influir sobre el pueblo norteamericano, de diversas maneras. Al propio Mercado le escribe en agosto de 1886 sobre la necesidad de ”infiltrar en la frontera un elemento numeroso de gentes de buen consejo y cautela, y abrir sobre la masa de este país una campaña infatigable de lo que pudiera llamarse “explicación de México”, para, conociéndolo y respetándolo más la masa , lo estime”.

En esta labor de esclarecimiento sobre la democracia norteamericana, tan admirada en nuestras tierras en época de Martí –incluyendo a personalidades como el argentino Domingo F. Sarmiento- nuestro Apóstol se detendrá, en crónicas varias, sobre las características del proceso electoral en los EEUU y sobre los partidos políticos que participan en él.

“Por lo común- escribe Martí ya de forma más abierta- las candidaturas no son más que el laborioso ajuste de ambiciones rivales, animadas por el lucro del puesto más que por el noble deseo de adelanto político; y en ellas vence aquel que ofrece al partido, tanto republicano como demócrata, más seguridades de pagarle el empleo con favores, con parte de sus ganancias, o con su honor a veces, cuando los riesgos en que suelen caer los que viven en esas encrucijadas se lo exijan”.

Y en la cadena del elector al candidato, “el delincuente cuyo voto ayuda a la fuerza electoral del cervecero de un barrio tenebroso, está unido al mismo gobernador del Estado, a los jueces que son electos por el voto público, al fiscal que ha de acusarlos”. Así, por medios corruptos y sórdidos, por intereses de grupos y camarillas y con el empleo abundante de dinero, funcionaba ya el aparato electoral en los EEUU de 1887.

Martí observa que el fenómeno de la corrupción es general: ”Allá en los Estados de adentro los votos se compran y venden lo mismo que en Nueva York´, pero pasman por lo atrevidos y malignos el lenguaje y las acusaciones”

“Desencanta a la opinión- comenta Martí- la semejanza mal disimulada de espíritu y de hábitos entre los políticos de oficio, bien sean republicanos o demócratas”. Y, al referirse a los partidos, expresa: ”Hoy, sobre todo, no podría ninguno de los dos partidos rivales definir su política en un programa fijo; porque la verdad es que cada uno de ellos está fraccionado en bandos enemigos, juntos sólo por la necesidad de apoyarse mutuamente para mantener o asaltar el poder”.

“Está, pues, la política de los Estados Unidos distribuida entre dos partidos gastados, descompuestos en bandos sostenidos por celos personales y diferencias de ideas”.

Nos habla también Martí del funcionamiento de los órganos electos, del Congreso de los EEUU. Refiriéndose a la situación social existente en 1887, Martí escribe: “El Congreso… tiende a captarse con leyes indirectas y menores la voluntad de esa masa nacional que crece, pero sirve en las leyes reales e inmediatas a las empresas, a los bancos, a las corporaciones, a los poderes de quienes dependen su elección y fortuna”.

“¿Qué ha hecho para atajar esos males el Senado, donde los millonarios, los grandes ferrocarrileros, los grandes mineros componen mayoría?...¿Por qué mágico tamiz sale filtrada la representación popular, de modo que al perfeccionarse en el Senador, que es la entidad más alta fuera de la Presidencia, resulta ser el Senado la contradicción viva de las opiniones e intereses de los que, por medio de la legislatura los elige? ¡Los senadores compran las legislaturas! “

Sobre la Cámara de Representantes escribe: “¿...Qué ha hecho la Casa de los Representantes, electa ya por tan viciados métodos que, aunque el país vota por ellos directamente, no hay elección que no resulte forzada por el uso de recias sumas de dinero…?”

Martí ha ido descubriendo la esencia clasista de la sociedad norteamericana y los valores ideológicos que le sirven de pauta. Así, escribe lo siguiente: “Se mira aquí la vida… como un mandato de goce, como una boca abierta, como un juego de azar donde sólo triunfa el rico.

“Los hombres no se detienen a consolarse y ayudarse. Nadie ayuda a nadie.

“…Todos marchan, empujándose, maldiciéndose, abriéndose espacio a codazos y a mordidas, arrollándolo todo, todo, por llegar primero.

“…No es malevolencia, no, sino verdad penosa que acá ni en los niños siquiera se notan más deseos que el de satisfacer sus apetitos, y vencer a los demás en los medios de gozarlos”.

Ya es un Martí que habla descarnadamente de la realidad del país en que vive como exilado. Así lo califica:

“…El Norte ha sido injusto y codicioso; ha pensado más en asegurar a unos pocos la fortuna que en crear un pueblo para el bien de todos; ha mudado a la tierra nueva americana los odios todos y todos los problemas de las antiguas monarquías…Aquí se ha montado una máquina más hambrienta que lo que puede satisfacer el universo ahito de productos…Aquí se amontonan los ricos de una parte y los desesperados de otra”. En ese tono escribía Martí en agosto de 1893 para el periódico Patria.

Retomando el tema de las elecciones, un pequeño párrafo de una crónica al diario argentino La Nación, escrita el 15 de agosto de 1884, es muy elocuente: “Las elecciones cuestan mucho. Los capitalistas y empresas ayudan en los gastos de ellas a los candidatos necesitados; y estos, una vez vencedores, pagan con su voto servil el anticipo de los capitalistas”

Otros aspectos aclaraba Martí para sus lectores hispanoamericanos: el fraude electoral con el que los republicanos habían obtenido la presidencia de la república frente al candidato demócrata Tilden; los manejos de la jerarquía de la iglesia católica, manipulando los votos de los inmigrantes de origen irlandés y polaco; los esfuerzos de creación de un partido laborista frente al cual se unían republicanos y demócratas; la lucha de las mujeres por el derecho al sufragio; los Presidentes asesinados; las huelgas obreras para lograr reducir la jornada de trabajo diaria a ocho horas y mejorar sus miserables condiciones de vida; la brutal represión policíaca contra los trabajadores.

¿Qué pasaba en los EEUU? Martí lo definía de la siguiente manera en artículo para La Nación de 8 de abril de 1888: “…La república popular se va trocando en una república de clases; que los privilegiados, fuertes con su caudal, desafían, exasperan, estrujan, echan en la plaza libre de la vida a los que vienen a ella sin más fueros que los brazos y la mente; que los ricos se ponen de un lado, y los pobres de otro; que los ricos se coligan, y los pobres también”. Así se creó “en la democracia más libre del mundo, la más injusta y desvergonzada de las oligarquías”.

También en crónica para La Nación, de 1 de junio de 1888, Martí dejará la descripción más amplia del proceso electoral en los EEUU que culmina en la Convención de cada partido para escoger sus candidatos y sus electores. Explica cómo lo que debía ser el proceso más popular, porque parte de la base misma, de cada barrio, se ha convertido en maquinaria corrompida en la que, finalmente, se acepta lo que viene de arriba, de las cúspides de los partidos.

El naciente imperialismo que Martí vio desde adentro, desde las entrañas mismas, y que lo llevó a calificar a los EE.UU como república cesárea e imperial, ha consagrado las malas prácticas vigentes en el siglo XIX en su historia posterior, consolidado los clanes políticos que pasan los cargos públicos de padres a hijos, a sobrinos y nietos, a cónyuges, en el que unas pocas familias rigen la vida de sus trescientos millones de conciudadanos y se empeñan en hacerlo sobre el resto de la humanidad, como si estuvieran autorizados por un destino manifiesto concedido por la historia o una divinidad invasora y despiadada.

¿Qué pueden hacer, frente a esa realidad, los restantes pueblos del mundo, sino prepararse y unirse para defender su derecho a existir con decoro? ¿Qué sino oponer valladar de ideas justas y acción coordinada y consecuente y no aliarse, cómplices, con el imperio de la explotación criminal y el egoísmo enfermo que no conoce más ética que la codicia?

A las puertas del enorme vecino hay que seguir, lista en la mano la certera honda bíblica, cerrándole el paso al gigante de las siete leguas, por Cuba, por Nuestra América y por la patria mayor que es la Humanidad, con la convicción de que “una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mítica del juicio final, a un escuadrón de acorazados”.
Fuente: Cubarte

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