Invitando a los funcionarios a expresarse por Aporrea
Por Xavier Padilla
Si estamos en un proceso revolucionario, donde supuestamente se cambian los roles y se revalorizan las tradiciones bajo una perspectiva diferente, progresista, ¿cómo es que los funcionarios públicos no se atreven a expresarse libremente, por ejemplo, por Aporrea, este magnífico y simple instrumento revolucionario de debate y confrontación? Los funcionarios, ¿son pues o no revolucionarios?
Por Xavier Padilla
Si estamos en un proceso revolucionario, donde supuestamente se cambian los roles y se revalorizan las tradiciones bajo una perspectiva diferente, progresista, ¿cómo es que los funcionarios públicos no se atreven a expresarse libremente, por ejemplo, por Aporrea, este magnífico y simple instrumento revolucionario de debate y confrontación? Los funcionarios, ¿son pues o no revolucionarios?
Parecen estar, en cambio, limitados a aparecer sólo en tanto que noticia, nunca como seres cabales que se expresan y pueden además ser críticos. De ello se desprende que en el fondo el sistema opera bajo una lógica según la cual la condición para ser crítico es no ser funcionario, y a la inversa, para ser funcionario no ser crítico. Un poco como en el apoliticismo sacro de las fuerzas armadas.
En esta revolución, yo tenía entendido, el protagonista era el pueblo. Ahora resulta que los funcionarios, ¿no son pueblo...?
Los únicos funcionarios que he visto que se expresan por Aporrea son aquellos que tienen cargos superiores, por ejemplo ministros o viceministros. Es decir jefes. El resto, esos que llenan nuestras instituciones por millares, quedan relegados, por decirlo así, a la tropa que hace marchar la nave y que supuestamente nada tiene que decir, sólo ejecutar.
¿Nada que decir? Muy improbable. ¿Fuerza bruta, implacable? Hmm... tampoco es tan infalible. El miedo a expresarse libremente, a ser sancionado, a ser gente, individuos conscientes, pensantes, a ser en fin lo que no pueden dejar de ser, he ahí un tema sobre el cual expresarse, por ejemplo. Por sólo mencionar uno.
La intención del presente texto es liberar esas tensiones sin respuesta que todos vamos almacenando frente al escenario incompleto del haber político nacional. El presidente Chávez lleva el record mundial de presencia en los medios y en transmisión de información sobre su gestión, pero aún así la praxis parece seguir reproduciendo los esquemas de una democracia representativa en la que los jefes están allá, y el pueblo aquí: dimensiones separadas y donde la información fluye en una sola dirección. ¿Cuántas veces nos hemos preguntado, tanto íntima como públicamente, si Chávez lee aporrea?
En una revolución, lo primero que debe cambiarse son las estructuras tradicionales que restringen la interacción gobierno-pueblo, de lo contrario es reproducido el error que se pretendía corregir. Los funcionarios todos, grandes y pequeños, deberían participar más en el debate del pueblo, expresarse en forma trascendental, más allá de sus funciones. Las funciones en ningún momento deben primar sobre la condición fundamentalmente cívica, ciudadana, de los hombres y mujeres libres que las ejercen. De lo contrario estaríamos en presencia de una sociedad en la que impera un falso humanismo, y sobre todo un pragmatismo demagogo al servicio del peor cáncer de todo proyecto revolucionario: su burocratización.
Para nadie es un secreto que el funcionario vive, al interior de nuestras instituciones, como en un medio cuasi medieval donde predomina la represión y los mecanismos de chantage son infinitos. Las instituciones, tal como las conocemos en el mundo de hoy, reproducen esquemas corporativos y no constituyen un medio seguro para el desarrollo de la sociedad socialista, sin hablar ya de la sociedad antiimperialista.
En consecuencia, necesario es DISEÑAR UNA POLÍTICA COMUNICACIONAL NO BASADA EN PROMOCIÓN, sino en cambios estructurales intra-institucionales que permitan la transparencia y el flujo vital de información entre el estado y el pueblo, lo cual es un sistema auto correctivo más revolucionario que cualquier venta publicitaria de consignas ideológicas, por muy buenas que sean.
xavierpad@gmail.com
www.myspace.com/xpadilla
En esta revolución, yo tenía entendido, el protagonista era el pueblo. Ahora resulta que los funcionarios, ¿no son pueblo...?
Los únicos funcionarios que he visto que se expresan por Aporrea son aquellos que tienen cargos superiores, por ejemplo ministros o viceministros. Es decir jefes. El resto, esos que llenan nuestras instituciones por millares, quedan relegados, por decirlo así, a la tropa que hace marchar la nave y que supuestamente nada tiene que decir, sólo ejecutar.
¿Nada que decir? Muy improbable. ¿Fuerza bruta, implacable? Hmm... tampoco es tan infalible. El miedo a expresarse libremente, a ser sancionado, a ser gente, individuos conscientes, pensantes, a ser en fin lo que no pueden dejar de ser, he ahí un tema sobre el cual expresarse, por ejemplo. Por sólo mencionar uno.
La intención del presente texto es liberar esas tensiones sin respuesta que todos vamos almacenando frente al escenario incompleto del haber político nacional. El presidente Chávez lleva el record mundial de presencia en los medios y en transmisión de información sobre su gestión, pero aún así la praxis parece seguir reproduciendo los esquemas de una democracia representativa en la que los jefes están allá, y el pueblo aquí: dimensiones separadas y donde la información fluye en una sola dirección. ¿Cuántas veces nos hemos preguntado, tanto íntima como públicamente, si Chávez lee aporrea?
En una revolución, lo primero que debe cambiarse son las estructuras tradicionales que restringen la interacción gobierno-pueblo, de lo contrario es reproducido el error que se pretendía corregir. Los funcionarios todos, grandes y pequeños, deberían participar más en el debate del pueblo, expresarse en forma trascendental, más allá de sus funciones. Las funciones en ningún momento deben primar sobre la condición fundamentalmente cívica, ciudadana, de los hombres y mujeres libres que las ejercen. De lo contrario estaríamos en presencia de una sociedad en la que impera un falso humanismo, y sobre todo un pragmatismo demagogo al servicio del peor cáncer de todo proyecto revolucionario: su burocratización.
Para nadie es un secreto que el funcionario vive, al interior de nuestras instituciones, como en un medio cuasi medieval donde predomina la represión y los mecanismos de chantage son infinitos. Las instituciones, tal como las conocemos en el mundo de hoy, reproducen esquemas corporativos y no constituyen un medio seguro para el desarrollo de la sociedad socialista, sin hablar ya de la sociedad antiimperialista.
En consecuencia, necesario es DISEÑAR UNA POLÍTICA COMUNICACIONAL NO BASADA EN PROMOCIÓN, sino en cambios estructurales intra-institucionales que permitan la transparencia y el flujo vital de información entre el estado y el pueblo, lo cual es un sistema auto correctivo más revolucionario que cualquier venta publicitaria de consignas ideológicas, por muy buenas que sean.
xavierpad@gmail.com
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