Chávez y Obama
Por Xavier Padilla
Algunos de los artículos y opiniones que he leído en Aporrea referente a las próximas elecciones estadounidenses, y en particular sobre el precandidato por el partido demócrata, Barack Obama, me parecen extremadamente simplistas. Se tiende muy fácilmente en nuestras filas a reducir todo el acontecer proveniente de ese país norteño a un quejumbroso "más de lo mismo," a un lacónico, intrascendente "asuntos del imperio" que no aporta en el acto más análisis que algunas planas fórmulas autoservidas. Se trata de una tendencia que predomina en los medios bolivarianos, y aunque sea comprensible la propensión antiimperialista que nos define, terminamos a veces por convertir ésta en antiamericana. Lo cual no es lo mismo! Olvidamos que en nuestro cauto pero franco juicio revolucionario no deberíamos en ningún momento confundir el imperio con el pueblo de esa nación norteamericana, tal como oportunamente y en repetidas ocasiones lo ha señalado nuestro comandante en jefe, despejando siempre cualquier duda frente a lo que, de llegar a confundirse, constituiría un imperdonable y burdo error. Los asuntos referentes a ese país llamado Estados Unidos de Norte América no pueden, simplemente, ser reducidos a los del imperio: un discurso genuinamente bolivariano no lo permitiría.
Es cierto que la política de ese país está viciosamente ligada a una estructura histórica imperial que no sólo no da voz al pueblo al cual supuestamente representa, sino que efectivamente constituye una amenaza para el mundo entero. Es una política que siempre ha representado a sectores distintos que al pueblo norteamericano, dedicándole una atención exclusiva a su propia oligarquía, extendida indirectamente a las de muchos otros países que se someten a ésta a través de las suyas propias. Se trata de una usurpación, pues, nominal del pueblo norteamericano, y en esa medida la revolución bolivariana, en tanto que praxis universal y humanista, tiene o debe tener una dimensión moral cuyo alcance sea reconocido incluso por ese mismo pueblo, dicho del "imperio."
De hecho, ya nuestro presidente ha dado sólidas pruebas de solidaridad al pueblo norteamericano, especialmente hacia su sector más desfavorecido, ese mismo que ha sido abandonado a la miseria más vergonzosa, la más cínica de todas, aquella que el status quo de la política capito-imperialista se ha empeñado en engendrar incluso en su propio vientre, y que luego va reproduciendo por todo el mundo. Esa con la cual el imperio prueba que el estado norteamericano realmente no reconoce a esos sectores marginales como otra cosa que una pura fuerza de trabajo animal relegada a condiciones infrahumanas de subsistencia.
Así, no es de extrañar que tampoco le importe, mientras convenga a su incontenible expansionismo y a su insaciable voracidad hegemónica, sacrificar a su propia gente en innombrables episodios, tales como el muy probable auto-multi-atentado del 11 de septiembre de 2001. Lo peor es que para la depravada mentalidad neo-straussiana de los presuntos arquitectos de este ignominioso acto terrorista (es decir, los propios neo-conservadores instalados actualmente en Washington), la tragedia no representaría siquiera un sacrificio de los suyos, sino un acto patriótico que la historia misma se encargaría en avalar luego mediante el reino de una "pax americana" secular.
Pero volvamos a las próximas elecciones estadounidenses. Si hay algo que no debemos olvidar, es que el pueblo norteamericano, ese que no es diferente de ningún pueblo oprimido del planeta, existe. Así como existen también en ese país quienes, aunque no padeciendo de una condición económica insuficiente, o incluso disfrutando de una posición materialmente holgada, piensan y disciernen mediante principios humanistas y no quieren seguir sometidos a los dictámenes de una política imperial que abusa de sus libertades cívicas y mal los representa en el mundo.
Ese pueblo también existe en "gringolandia," y está harto!
La nación norteamericana está a punto de explotar por dentro, gracias a todo lo que ha tenido que tolerar en su nombre desde hace algún tiempo, y peor aun: por tratarse de la misma nación que supuestamente se sabría liderizando al mundo en términos de democracia.
Si bien sus engranages políticos parecen irreversibles, si bien su suerte imperialista parece estar echada, el imperio alberga a ese otro pueblo digno estadounidense, víctima, maltratado, explotado y ultrajado en las sombras conspicuas de un capitalismo deleznable. Ese pueblo existe, razón suficiente para que nuestra nación bolivariana venga rauda a reconocerlo.
¿Por qué poner, entonces, este tema a un lado, y decir que las cosas del imperio son sólo "más de lo mismo," desentendiéndonos, desinvolucrándonos? ¿No es en conflicto directo con la política de esa nación que nos enfrentamos a diario? Entonces forzoso es interesarnos más en los detalles, ser más incisivos en nuestro análisis. ¿Podemos en verdad creer, habida cuenta del estado interno de las cosas en ese país, que el próximo período presidencial en Estados Unidos puede seguir siendo "más de lo mismo?"
Nada más improbable. En este mismo momento, ese país se ha dividido (esto es, sus partes se han radicalizado) como nunca antes en su historia moderna, los bandos tienen ya sus obvios representantes: JohnMcCaine y Barack Obama (la señora Clinton no podrá arrastrar las masas ni su tropel de problemas, muchos y muy pesados para ella).
McCaine parece el prometedor de un verdadero apocalypsis: ha dicho que duplicará o triplicará Guantánamo, que triplicará las fuerzas militares en Irak y que la ocupación se extenderá si es necesario por 50 años! Que es una locura que su país dependa de un suministro energético que está en manos de un "dictador (Chávez) antiamericano," entre otras cosas...
Barack Obama, por su parte, ha sido fuertemente criticado no solamente por la derecha, sino incluso por los propios demócratas, por haber dicho que se entrevistaría sin problema con Ahmadinejad, con Fidel Castro y Hugo Chávez; que no creía en esa política de falsa diplomacia unilateral puesta en práctica por los poderosos del mundo a manera de chantage, y con la cual se terminaba siempre por imponer una voluntad imperial en todas partes; que el cambio social de su país debía ser operado de abajo hacia arriba, refiriéndose a las clases sociales, y no al contrario; que no habiendo nunca aprobado, en tanto que senador, la invasión de Irak, ahora ordenaría consecuentemente una retirada paulatina, pero efectiva, de las tropas invasoras; que su política es una política de la esperanza, pues ha sido precisamente ésta la que que mejor conocen los sectores excluidos, habiendo tenido que practicarla a diario en Estados Unidos para sobrevivir y haber llegado vivos hasta el día de hoy...
Creo sinceramente que nuestro gobierno bolivariano debería comenzar a comprender que este senador de origen afrodescendiente, y que muy posiblemente será en efecto el próximo presidente de los Estados Unidos, representa en fin de cuentas y de forma real a toda esa inmensa población norteña que no puede más, justamente, con ese "más de lo mismo" y exige un cambio.
Es tal vez complaciente, e incluso reconfortante, para un pseudo radicalismo de izquierda, insuperablemente maniqueo, seguir pensando que nada de lo que pueda ocurrir en política en Estados Unidos puede representar efectivamente un cambio, como lo expresaba recientemente el profesor Vadimir Acosta en uno de sus programas de radio. Pero las cosas no son tan simples. Los cambios son un hecho posible en todas partes, sólo basta que las condiciones estén dadas. Para no subestimar esta factualidad y evitar ser inconsecuentes con la naturaleza evolutiva real de toda dinámica social, incluyendo la de la geopolítica mundial, no se trata ya de que debamos permitirnos una dosis precabida, de vez en cuando, de optimismo que nos ahorre incurrir en un excesivo incredulismo respecto a los cambios potenciales relativos a cada situación, sino que basta con analizar desprejuiciadamente las condiciones internas reinantes en cualquier sociedad y constatar que no pueden existir inmovilismos eternos en ninguna, y que por ende los cambios sociales realmente acontecen. De vez en cuando.
Cambios ocurren...
Ocurren, a propósito, cuando las fuerzas operantes y las condiciones de vida en situación de resistencia se "extremizan" en la sociedad.
Estados Unidos, a parte del recesionismo económico que le reservan todos los pronósticos, padece hoy de una pobreza interna jamás alcanzada después de la segunda guerra mundial; de un gobierno violatorio de las libertades civiles nunca visto; de un irrespeto incomparable de su intocable, ultra preciada y casi divinizada Constitución. Se trata de una nación que viene despertándose lenta pero segura del shock profundo causado por el 11 de septiembre, y que
comienza a interpretarlo ya sin escrúpulos ni miedos inducidos. Que sufre de los horrores cometidos en su nombre, los cuales van del genocidio a la tortura legalizada, y que no duerme ya sus noches de fantasía hollywoodense frente al atroz desmoronamiento de su reputación mundial.
Cuando estos extremos se alcanzan, es sensato suponer que ciertos cambios se produzcan; que las fuerzas en tensión luchen con más potencia por lo suyo; que se tuerzan las estructuras; que se inviertan los roles.
Pero pensar que los roles sólo logran cambiar de dueño en tales circunstancias, es, por cierto, casi negar lo que ocurrió en nuestro país cuando éste sufrió de una realidad incontenible. No hablaremos por el momento de revolución en Estados Unidos, pero algunos cambios allí sí que son de esperarse. Al menos será un comienzo, el comienzo de algo nuevo. De todas formas las revoluciones toman tiempo, como bien podemos constatarlo nosotros aquí...
El caso es que deberíamos, esto sí, pronunciarnos, en tanto que nación bolivariana, acerca de la situación general interna de Estados Unidos, y muy particularmente en relación a sus próximos comicios. Ello por todo lo expuesto más arriba, pero también por lo siguiente: el candidato Obama, no sólo por el bien de los Estados Unidos, sino por el bien de nosotros mismos, tiene que ganar las próximas elecciones.
Si el Gobierno venezolano, en otras palabras, si Chávez, nuestro Presidente, se pronuncia abiertamente a favor de Barack Obama, la repercusión que ello tendría en Estados Unidos y en el mundo sólo podría ser positiva. De verdad espero que lo haga. El Presidente Chávez se ha convertido en un líder de talla mundial en la defensa de la dignidad humana, en contra de la exclusión y en contra del imperialismo norteamericano, y sólo por ello haría ganar mucho apoyo para Obama en su campaña, especialmente por parte de las clases que más lo necesitan y que son las más numerosas, en todas partes...
La imagen de Chávez, por otro lado, tan manoteada y mancillada últimamente gracias a la guerra multifacética que se le ha declarado a nuestro líder (económica, mediática, física, maquiavélica), también podría favorecerse por este respaldo a Obama. Y le daría aún más consistencia al mensaje de ambos. Que el mismo Obama no se esperase este respaldo en verdad poco importa,esto le llevaría también a él un mensaje, el cual tal vez contribuya a clarificarle quien es en realidad Chávez -a quien seguramente conoce muy de lejos. Y si además tiene la intención, como dice tenerla, de hablar con los "chicos malos" del mundo, entonces tendrá la oportunidad de conocerlos mejor si al menos uno de éstos lo apoya desde ahora. Y allí entonces podríamos decir, con el viejo adagio, que cuando las verdades se encuentran, la naturaleza encausa.
Nuestra nación se encuentra amenazada como nunca. De todos lados llegan los ataques, y en muy variadas formas. Quizás nos falte hacer más bulla a nivel internacional. Nos tienen contra las cuerdas y nos empujan hacia una esquina. Confiamos en nuestra habilidad, y eso es bueno pues ¨nos creemos¨ capaces de todo, pero también somos parte de un todo y hay un mundo allí afuera que nos resembla, que combate de lo mismo.
Unidos somos muchos, mucho más que nuestra suma. Y damos mejor batalla.
xavierpad@gmail.com
www.myspace.com/xpadilla
Por Xavier Padilla
Algunos de los artículos y opiniones que he leído en Aporrea referente a las próximas elecciones estadounidenses, y en particular sobre el precandidato por el partido demócrata, Barack Obama, me parecen extremadamente simplistas. Se tiende muy fácilmente en nuestras filas a reducir todo el acontecer proveniente de ese país norteño a un quejumbroso "más de lo mismo," a un lacónico, intrascendente "asuntos del imperio" que no aporta en el acto más análisis que algunas planas fórmulas autoservidas. Se trata de una tendencia que predomina en los medios bolivarianos, y aunque sea comprensible la propensión antiimperialista que nos define, terminamos a veces por convertir ésta en antiamericana. Lo cual no es lo mismo! Olvidamos que en nuestro cauto pero franco juicio revolucionario no deberíamos en ningún momento confundir el imperio con el pueblo de esa nación norteamericana, tal como oportunamente y en repetidas ocasiones lo ha señalado nuestro comandante en jefe, despejando siempre cualquier duda frente a lo que, de llegar a confundirse, constituiría un imperdonable y burdo error. Los asuntos referentes a ese país llamado Estados Unidos de Norte América no pueden, simplemente, ser reducidos a los del imperio: un discurso genuinamente bolivariano no lo permitiría.
Es cierto que la política de ese país está viciosamente ligada a una estructura histórica imperial que no sólo no da voz al pueblo al cual supuestamente representa, sino que efectivamente constituye una amenaza para el mundo entero. Es una política que siempre ha representado a sectores distintos que al pueblo norteamericano, dedicándole una atención exclusiva a su propia oligarquía, extendida indirectamente a las de muchos otros países que se someten a ésta a través de las suyas propias. Se trata de una usurpación, pues, nominal del pueblo norteamericano, y en esa medida la revolución bolivariana, en tanto que praxis universal y humanista, tiene o debe tener una dimensión moral cuyo alcance sea reconocido incluso por ese mismo pueblo, dicho del "imperio."
De hecho, ya nuestro presidente ha dado sólidas pruebas de solidaridad al pueblo norteamericano, especialmente hacia su sector más desfavorecido, ese mismo que ha sido abandonado a la miseria más vergonzosa, la más cínica de todas, aquella que el status quo de la política capito-imperialista se ha empeñado en engendrar incluso en su propio vientre, y que luego va reproduciendo por todo el mundo. Esa con la cual el imperio prueba que el estado norteamericano realmente no reconoce a esos sectores marginales como otra cosa que una pura fuerza de trabajo animal relegada a condiciones infrahumanas de subsistencia.
Así, no es de extrañar que tampoco le importe, mientras convenga a su incontenible expansionismo y a su insaciable voracidad hegemónica, sacrificar a su propia gente en innombrables episodios, tales como el muy probable auto-multi-atentado del 11 de septiembre de 2001. Lo peor es que para la depravada mentalidad neo-straussiana de los presuntos arquitectos de este ignominioso acto terrorista (es decir, los propios neo-conservadores instalados actualmente en Washington), la tragedia no representaría siquiera un sacrificio de los suyos, sino un acto patriótico que la historia misma se encargaría en avalar luego mediante el reino de una "pax americana" secular.
Pero volvamos a las próximas elecciones estadounidenses. Si hay algo que no debemos olvidar, es que el pueblo norteamericano, ese que no es diferente de ningún pueblo oprimido del planeta, existe. Así como existen también en ese país quienes, aunque no padeciendo de una condición económica insuficiente, o incluso disfrutando de una posición materialmente holgada, piensan y disciernen mediante principios humanistas y no quieren seguir sometidos a los dictámenes de una política imperial que abusa de sus libertades cívicas y mal los representa en el mundo.
Ese pueblo también existe en "gringolandia," y está harto!
La nación norteamericana está a punto de explotar por dentro, gracias a todo lo que ha tenido que tolerar en su nombre desde hace algún tiempo, y peor aun: por tratarse de la misma nación que supuestamente se sabría liderizando al mundo en términos de democracia.
Si bien sus engranages políticos parecen irreversibles, si bien su suerte imperialista parece estar echada, el imperio alberga a ese otro pueblo digno estadounidense, víctima, maltratado, explotado y ultrajado en las sombras conspicuas de un capitalismo deleznable. Ese pueblo existe, razón suficiente para que nuestra nación bolivariana venga rauda a reconocerlo.
¿Por qué poner, entonces, este tema a un lado, y decir que las cosas del imperio son sólo "más de lo mismo," desentendiéndonos, desinvolucrándonos? ¿No es en conflicto directo con la política de esa nación que nos enfrentamos a diario? Entonces forzoso es interesarnos más en los detalles, ser más incisivos en nuestro análisis. ¿Podemos en verdad creer, habida cuenta del estado interno de las cosas en ese país, que el próximo período presidencial en Estados Unidos puede seguir siendo "más de lo mismo?"
Nada más improbable. En este mismo momento, ese país se ha dividido (esto es, sus partes se han radicalizado) como nunca antes en su historia moderna, los bandos tienen ya sus obvios representantes: JohnMcCaine y Barack Obama (la señora Clinton no podrá arrastrar las masas ni su tropel de problemas, muchos y muy pesados para ella).
McCaine parece el prometedor de un verdadero apocalypsis: ha dicho que duplicará o triplicará Guantánamo, que triplicará las fuerzas militares en Irak y que la ocupación se extenderá si es necesario por 50 años! Que es una locura que su país dependa de un suministro energético que está en manos de un "dictador (Chávez) antiamericano," entre otras cosas...
Barack Obama, por su parte, ha sido fuertemente criticado no solamente por la derecha, sino incluso por los propios demócratas, por haber dicho que se entrevistaría sin problema con Ahmadinejad, con Fidel Castro y Hugo Chávez; que no creía en esa política de falsa diplomacia unilateral puesta en práctica por los poderosos del mundo a manera de chantage, y con la cual se terminaba siempre por imponer una voluntad imperial en todas partes; que el cambio social de su país debía ser operado de abajo hacia arriba, refiriéndose a las clases sociales, y no al contrario; que no habiendo nunca aprobado, en tanto que senador, la invasión de Irak, ahora ordenaría consecuentemente una retirada paulatina, pero efectiva, de las tropas invasoras; que su política es una política de la esperanza, pues ha sido precisamente ésta la que que mejor conocen los sectores excluidos, habiendo tenido que practicarla a diario en Estados Unidos para sobrevivir y haber llegado vivos hasta el día de hoy...
Creo sinceramente que nuestro gobierno bolivariano debería comenzar a comprender que este senador de origen afrodescendiente, y que muy posiblemente será en efecto el próximo presidente de los Estados Unidos, representa en fin de cuentas y de forma real a toda esa inmensa población norteña que no puede más, justamente, con ese "más de lo mismo" y exige un cambio.
Es tal vez complaciente, e incluso reconfortante, para un pseudo radicalismo de izquierda, insuperablemente maniqueo, seguir pensando que nada de lo que pueda ocurrir en política en Estados Unidos puede representar efectivamente un cambio, como lo expresaba recientemente el profesor Vadimir Acosta en uno de sus programas de radio. Pero las cosas no son tan simples. Los cambios son un hecho posible en todas partes, sólo basta que las condiciones estén dadas. Para no subestimar esta factualidad y evitar ser inconsecuentes con la naturaleza evolutiva real de toda dinámica social, incluyendo la de la geopolítica mundial, no se trata ya de que debamos permitirnos una dosis precabida, de vez en cuando, de optimismo que nos ahorre incurrir en un excesivo incredulismo respecto a los cambios potenciales relativos a cada situación, sino que basta con analizar desprejuiciadamente las condiciones internas reinantes en cualquier sociedad y constatar que no pueden existir inmovilismos eternos en ninguna, y que por ende los cambios sociales realmente acontecen. De vez en cuando.
Cambios ocurren...
Ocurren, a propósito, cuando las fuerzas operantes y las condiciones de vida en situación de resistencia se "extremizan" en la sociedad.
Estados Unidos, a parte del recesionismo económico que le reservan todos los pronósticos, padece hoy de una pobreza interna jamás alcanzada después de la segunda guerra mundial; de un gobierno violatorio de las libertades civiles nunca visto; de un irrespeto incomparable de su intocable, ultra preciada y casi divinizada Constitución. Se trata de una nación que viene despertándose lenta pero segura del shock profundo causado por el 11 de septiembre, y que
comienza a interpretarlo ya sin escrúpulos ni miedos inducidos. Que sufre de los horrores cometidos en su nombre, los cuales van del genocidio a la tortura legalizada, y que no duerme ya sus noches de fantasía hollywoodense frente al atroz desmoronamiento de su reputación mundial.
Cuando estos extremos se alcanzan, es sensato suponer que ciertos cambios se produzcan; que las fuerzas en tensión luchen con más potencia por lo suyo; que se tuerzan las estructuras; que se inviertan los roles.
Pero pensar que los roles sólo logran cambiar de dueño en tales circunstancias, es, por cierto, casi negar lo que ocurrió en nuestro país cuando éste sufrió de una realidad incontenible. No hablaremos por el momento de revolución en Estados Unidos, pero algunos cambios allí sí que son de esperarse. Al menos será un comienzo, el comienzo de algo nuevo. De todas formas las revoluciones toman tiempo, como bien podemos constatarlo nosotros aquí...
El caso es que deberíamos, esto sí, pronunciarnos, en tanto que nación bolivariana, acerca de la situación general interna de Estados Unidos, y muy particularmente en relación a sus próximos comicios. Ello por todo lo expuesto más arriba, pero también por lo siguiente: el candidato Obama, no sólo por el bien de los Estados Unidos, sino por el bien de nosotros mismos, tiene que ganar las próximas elecciones.
Si el Gobierno venezolano, en otras palabras, si Chávez, nuestro Presidente, se pronuncia abiertamente a favor de Barack Obama, la repercusión que ello tendría en Estados Unidos y en el mundo sólo podría ser positiva. De verdad espero que lo haga. El Presidente Chávez se ha convertido en un líder de talla mundial en la defensa de la dignidad humana, en contra de la exclusión y en contra del imperialismo norteamericano, y sólo por ello haría ganar mucho apoyo para Obama en su campaña, especialmente por parte de las clases que más lo necesitan y que son las más numerosas, en todas partes...
La imagen de Chávez, por otro lado, tan manoteada y mancillada últimamente gracias a la guerra multifacética que se le ha declarado a nuestro líder (económica, mediática, física, maquiavélica), también podría favorecerse por este respaldo a Obama. Y le daría aún más consistencia al mensaje de ambos. Que el mismo Obama no se esperase este respaldo en verdad poco importa,esto le llevaría también a él un mensaje, el cual tal vez contribuya a clarificarle quien es en realidad Chávez -a quien seguramente conoce muy de lejos. Y si además tiene la intención, como dice tenerla, de hablar con los "chicos malos" del mundo, entonces tendrá la oportunidad de conocerlos mejor si al menos uno de éstos lo apoya desde ahora. Y allí entonces podríamos decir, con el viejo adagio, que cuando las verdades se encuentran, la naturaleza encausa.
Nuestra nación se encuentra amenazada como nunca. De todos lados llegan los ataques, y en muy variadas formas. Quizás nos falte hacer más bulla a nivel internacional. Nos tienen contra las cuerdas y nos empujan hacia una esquina. Confiamos en nuestra habilidad, y eso es bueno pues ¨nos creemos¨ capaces de todo, pero también somos parte de un todo y hay un mundo allí afuera que nos resembla, que combate de lo mismo.
Unidos somos muchos, mucho más que nuestra suma. Y damos mejor batalla.
xavierpad@gmail.com
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