EL SENTIMIENTO DE UNA REVOLUCIÓN FRUSTRADA

EL SENTIMIENTO DE UNA REVOLUCIÓN FRUSTRADA
Por, Nelly Prigorian

Ninguna revolución en la historia de la humanidad ha escapado de contradicciones agudas que ponía en juego su misma existencia. Y hablamos no solo de revoluciones políticas, sino industriales, tecnológicas, económicas, sexuales, culturales y pare UD. de contar. La capacidad de sobreponerse, ir aprendiendo sobre la marcha, resolviendo problemas de fondo y de forma y, sobre todo, no dejarse avasallar por el sentimiento, tan humano, de frustración, es lo que determina el avance de un proceso revolucionario.

El proceso venezolano no escapa de este fenómeno, solo que hizo crisis a manera de un volcán, con toda la fuerza subterránea, venida del mismo centro del proceso revolucionario, de la base; y escupió su lava de unas cuantas verdades que, al parecer, obligó a los dirigentes a detenerse y reflexionar sobre el rumbo que tomó la Revolución.

Hace unos años atrás, escuché una frase en pleno "23 de Enero": “Fidel hizo la Revolución con las armas, nosotros hacemos la Revolución con reales”. Una verdad más clara que el agua, pero que entraña una amenaza suprema, el Oportunismo. Si bien todas las Revoluciones como contradicción dialéctica suele producir a sus oportunistas que se acomodan a las circunstancias y pescan en el río revuelto, una Revolución a punta de dinero (mucho dinero) inevitablemente produce mayor cantidad de oportunistas, con las formas de actuar más descaradas, que golpean a matar el proceso, tratando, consciente o inconscientemente, frenar la transformación del país.

Pero tal vez la anomalía más peligrosa es cuando la forma sustituye el contenido, los eslóganes a las ideas, los fines a los medios. Con la camisa roja (preferiblemente del mismo corte que la del Presidente) se tapa la ineficiencia; con el grito "Uh, Ah, Chavez no se va!" se asegura no el avance del proceso, sino la permanencia de los individuos en puestos "donde haiga"; la democracia representativa degrada en una "participativa" donde se le participa al soberano la decisión que debe ser acatada sin chistear; y el Poder Popular Soberano se estrella contra la soberana soberbia del burocratismo institucionalizado.

"La Soberanía Popular no es, ni puede ser la soberanía de la masa, sino la Soberanía de la Conciencia" dice filósofo Francisco Rivero. Y precisamente porque la base del proceso cuenta con la Soberanía de la Conciencia, todas estas distorsiones, incoherencias, contradicciones y dicotomías disparan el sentimiento de una Revolución frustrada. Ninguna Revolución es una forma de organización o de gobierno, una Revolución, en primer término, es los principios y la normas éticos-morales depositarios y guardianes de los cuales es la base y no las estructuras burocráticas del Estado. El Poder Popular es un poder no reglamentado, ni decretado, ni institucionalizado, su límite son sus principios y sus normas morales. Es por esta razón tan ridículo que suena "Ministerio del Poder Popular para..." el nombre que inventó algún genio en algún ministerio sin poder de nada. En reciente reunión entre los movimientos sociales de las barriadas de Caracas se hizo evidente que el Poder Popular lejos de estar acompañando las Instituciones de Estado, está enfrentado a ellas. ¿La razón?: la Revolución se burocratizó y en lugar de estimular y ayudar a la base organizada en sus trabajos, entorpece y frustra sus labores.

Después del 2 de diciembre, todo el mundo trató buscar las causas de la derrota de la propuesta presidencial de la reforma. Unos la buscan en falta de conciencia de la base, otros en mala gestión de los gobiernos locales, en el desabastecimiento, en el empastelamiento de la Asamblea Nacional, en la mala política comunicacional, en la inseguridad, en la corrupción, en la propaganda de carnicero… sí, tal vez, pero todo esto lo tuvimos sin mucha variación en diciembre del 2006 cuando el Presidente de la República ganó las elecciones con el 63% de votos. Entonces ¿qué pasó? Pues, ¡¡¡nada pasó!!! No pasó nada… Tal vez solo se abrió más la brecha entre las ideas pregonadas y la realidad circundante. Y empezó a surgir el sentimiento de una Revolución frustrada.

Este sentimiento es muy poderoso y puede desembocar en dos formas diametralmente opuestas: dejar morir el proceso revolucionario o darle un impulso cualitativo sin presidentes. Las recientes reuniones de base que tuvieron lugar en el Celarg claramente indican que el rumbo que se tomó es la lucha por el proceso revolucionario. Además de una necesaria catarsis, se puso en evidencia la inquebrantable voluntad de hacerse sentir como Poder Popular Soberano, Consciente e Irreductible.

Las Instituciones del Estado, el resto de los poderes públicos, los ministros y dirigentes tendrán no solo aceptar esta realidad, sino adecuarse a ella. De lo contrario, tendrán que empezar a librar una lucha por el "poder popular" contra su propio pueblo. Hoy, es el Poder Popular Soberano quien quiere formular las políticas. Hoy, es el Poder Popular Soberano quien se compromete con dar seguimiento a las ejecuciones de las mismas. Hoy, es el Poder Popular Soberano quien quiere conducir esta Revolución.


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