Masoud Pezeshkian advierte que Teherán no aceptará presiones externas mientras continúan las negociaciones nucleares y el despliegue militar estadounidense en la región.
El presidente de la República Islámica de Irán, Masoud Pezeshkian, afirmó que su país no busca un enfrentamiento armado con Estados Unidos, pero dejó claro que no aceptará presiones ni imposiciones externas.
“No queremos luchar; debemos dejar la guerra de lado. Pero si quieren obligarnos, ¿debemos doblegarnos a cualquier precio? Me parece inaceptable que Irán se doblegue”, declaró el mandatario durante un encuentro con intelectuales y activistas culturales en la provincia de Lorestán.
Pezeshkian cuestionó abiertamente las intenciones de Washington y recordó que autoridades estadounidenses han manifestado públicamente interés en los recursos energéticos de otros países. En ese contexto, defendió la dignidad nacional y sostuvo que “no es justo que la gente de esta región se doblegue ante la intimidación”.
El jefe de Estado iraní subrayó además que las presiones económicas y políticas no deben acumularse hasta generar descontento social, en referencia al complejo escenario interno que atraviesa el país. Señaló que los desafíos deben abordarse con “soluciones concretas” y con la participación de sectores con capacidad técnica y experiencia.
Las declaraciones de Pezeshkian se producen en medio de un nuevo ciclo de tensión bilateral. A comienzos de enero, el presidente estadounidense Donald Trump lanzó advertencias sobre una posible intervención militar, en un contexto de protestas internas en Irán.
Aunque las manifestaciones disminuyeron, Washington mantuvo la presión trasladando el foco hacia el programa nuclear y el desarrollo de misiles iraníes.
El 6 de febrero se celebró en Mascate, Omán, una primera ronda de contactos indirectos entre delegaciones de ambos países sobre el expediente nuclear. Tras el encuentro, Trump afirmó que “Irán parece muy interesado en llegar a un acuerdo”, mientras que Teherán calificó el ambiente como “positivo” y manifestó su voluntad de mantener abierto el canal diplomático. Posteriormente se realizó otra jornada de conversaciones en Ginebra.
Sin embargo, el clima estratégico se ha visto tensionado por movimientos militares en paralelo al diálogo. Washington ordenó el despliegue del USS Gerald R. Ford, considerado el portaaviones nuclear más grande y avanzado del mundo, hacia el estrecho de Gibraltar, donde se unirá al grupo de combate del USS Abraham Lincoln. La decisión fue interpretada como una señal de presión directa en un momento sensible de las negociaciones.
En respuesta, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) realizó ejercicios navales en el estrecho de Ormuz bajo la operación denominada “Control inteligente del estrecho de Ormuz”, incluyendo el lanzamiento de misiles avanzados, drones y submarinos. Durante varias horas se produjo un cierre parcial de la estratégica ruta marítima, por donde transita una parte significativa del comercio mundial de hidrocarburos.
Líneas rojas de Irán
Autoridades iraníes han reiterado que están preparadas para responder a cualquier “error estratégico” de Estados Unidos con “golpes pesados”, y han advertido que un cese total del enriquecimiento de uranio es “absolutamente inaceptable”.
El mensaje de Pezeshkian consolida esa postura: Irán apuesta por el diálogo, pero no desde una posición de subordinación.
El equilibrio entre negociación diplomática y demostración de fuerza militar marca así una nueva fase de un pulso que combina presión económica, despliegue estratégico y advertencias públicas, en un escenario regional aún marcado por la inestabilidad tras el conflicto ampliado en Medio Oriente.
Autor: teleSUR: cc - RR
Fuente: Agencias


0 Comentarios