Colombianización del Zulia o la estrategia de Tijuana
Por: Rodolfo Sarmiento
Controlar militarmente a Venezuela fue el objetivo subyacente del Plan Colombia, anunciado oficialmente en 1999 por los presidentes Estados Unidos y Colombia, Bill Clinton y Andrés Pastrana Arango.
Los gringos garantizarían los recursos minerales, gas, oro, hierro, los hidrocarburos del Golfo de Venezuela y de la Faja del Orinoco (ésta última con la reserva probada más grande del mundo), agua dulce y entrada directa al Amazonas y al sin fin de recursos que brinda su biodiversidad; Colombia obtendría una salida al Mar Caribe y al Océano Atlántico, lo que facilitaría su empresa de exportación e importación.
Aunque concebido –al menos en los anuncios públicos- como un plan para erradicar la producción de drogas en Colombia, a la luz de la historia reciente se tradujo en la pretensión de aniquilar a las guerrilleras FARC y ELN, al punto de desconocer la guerra civil que se vive en este país.
Pero sobre todo el Plan Colombia significó la militarizarización del territorio colombiano reflejado hoy en la instalación de las bases militares en el ocaso del Gobierno de Álvaro Uribe Vélez, es decir, la influencia, el control e intervención del poderío militar estadounidenses para controlar geopolíticamente los países vecinos de Colombia.
Ya lo dijo el congresista republicano Paul Coverdell, en Abril de 2000, tres meses antes de morir: “Para Controlar Venezuela es necesario ocupar militarmente Colombia”.
Pero los resultados del Plan Colombia dan al traste con las declaraciones iniciales y altruistas de los entonces mandatarios de Estados Unidos y Colombia, en 1999. Aumentó la inversión para la compra de armamento en Colombia; recrudeció la guerra interna, el asesinato a líderes campesinos; el robo de la tierra a los indígenas y campesinos por parte de terratenientes amparados por el Ejército colombiano y el paramilitarismo, se hizo sistemático e influyó en los desplazamientos forzados; también fue evidente la penetración del Estado por parte de grupos paramilitares como quedó en evidencia con el caso del antiguo departamento de inteligencia DAS; de igual forma se mantuvieron como el principal productor-exportador de drogas de los países andinos.
Aunque trillada la frase de Paul Coverdell revela que el plan de conquista contra Venezuela no sólo es militar.
Colombianizar la frontera
Más allá del Plan Colombia, desde el punto de vista militar, existe un conflicto de fondo que muchos coincidirán en denominar la colombianización de la frontera venezolana, sin ánimos xenófobos.
La alta criminalidad en el estado Zulia, por colocarlo como ejemplo de estado fronterizo, es un problema grave porque muchos de los factores que inciden en el crimen tienen que ver con patrones de conductas y prácticas criminales que tienen como origen, lamentablemente, Colombia, y con factores que lo empeoran y son exclusivamente venezolanos como la corrupción y la impunidad.
Aunque la muerte por encargo o selección en la Venezuela contemporánea tiene antecedentes remotos en la dictadura de Juan Vicente Gómez, era más de factor político, de dominación de un régimen dictatorial sobre la disidencia.
Una modalidad de origen colombiano se instauraría en el país desde la década de 1970 en adelante, el sicariato, y éste socavaría a la sociedad toda. De allí la masacre de campesinos encargada por hacendados en el Sur del Lago de Maracaibo en la década de 1970, 1980 incluso 1990 (amparada por los gobiernos nacional y regional, a excepción de Lolita Aniyar de Castro), con métodos paramilitares cuyo objetivo era el mismo de la oligarquía colombiana (explotar las tierras y dominar los medios de producción, en complicidad con el Estado, y desplazar al campesinado).
La matanza de líderes campesinos durante los últimos 12 años también cuenta dentro de esta cultura de violencia, pero como parte de un proceso político de entrega y recuperación de tierras por parte del Gobierno Bolivariano, que ha generado persecuciones y de líderes campesinos que apoyan las decisiones del Gobierno, como lo registró en varias oportunidades el intelectual Luis Britto García en su columna Pare de sufrir, y como lo ha denunciado públicamente el Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora.
La extracción ilegal de alimentos y combustibles y la red de mafias amparadas por funcionarios militares y policiales corruptos, previa penetración de cuerpos de seguridad, es otro de los síntomas de la colombianización de nuestras fronteras con compartidas con Colombia.
Es evidente o se ha acentuado en los últimos años la organización de bandas criminales cuyas estructuras están directamente relacionadas o influenciadas por grupos paramilitares colombianos “desmovilizados” o no, dedicados a la extorsión, tráfico de inmigrantes, compra y venta de bienes inmuebles para el lavado de dólares provenientes del narcotráfico, entre otros.
Necesario es recordar también las migraciones masivas, desordenadas y preñadas de miseria y también violencia. Y lo más alarmante, la proliferación actual de “comerciantes ambulantes” (inmigrantes ilegales quienes pagan préstamos realizados por las bandas criminales) en la periferia del Casco Central de Maracaibo, la avenida La Limpia, Curva de Molina, Los Plataneros, Circunvalación 3, es decir, todo un eje anclado en el oeste de la ciudad, que además acorrala el comercio local con la extorsión y el cobro de vacunas.
No sólo es preocupante el Plan Colombia, sino la forma como la criminalidad ha penetrado sistemáticamente al estado Zulia, en lo cotidiano, en las instituciones policiales. Primero de manera silenciosa y tal vez aislada, en los años ochenta, hoy de manera ensordecedora. Vivimos en un estado de histeria colectiva, de paranoia, sin que haya visos de solución.
Y este incremento criminal, esta penetración de todos los estratos de la sociedad por parte del crimen proveniente del paramilitarismo o como influencia de éste y del conflicto colombiano, si no persigue el mismo objetivo del Plan Colombia es tan perverso como éste: controlar a Venezuela por medio de la violencia.
¿La estrategia de Tijuana?
La misma estrategia ha sido utilizada por Estados Unidos en México para eternizar la ya consolidada subyugación del Tratado de Libre Comercio firmado entre ambos países a principios de los noventa. Hicieron ingobernables los estados fronterizos de México, donde el incremento del tráfico ilegal de drogas e inmigrantes se traduce en las matanzas que a diario refleja la prensa mexicana o el enfrentamiento campal entre el Ejército y los carteles de la droga, que convierten a esta nación en la más violenta de América latina después de Colombia.
La maldición sobre México vino mucho antes de la actual crisis. Adolfo Hitler ordenó cortar el tráfico de opio desde el cercano Oriente hacia Occidente al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, y como de esta planta se producía la morfina -indispensable para atender a los heridos de guerra-, el gobierno estadounidense ordenó cultivarla en Sinaloa, Chiguagua y Durango, además de llevar agricultores chinos.
En marzo de 1941 el gobernador de Sinaloa Rodolfo Loaiza ordenó la destrucción de los cultivos y la aprehensión de los narcos dedicados a esta actividad. Pocos años después, en las fiestas de carnavales de Mazatlán, Loaiza muere a balazos después de que Rodolfo Valdés (conocido primero como pistolero o sicario y luego como narcotraficante), junto con sus compañeros de banda iniciaran una balacera en la fiesta para asesinar a los guardaespaldas del dirigente político.Por el resto de sus días Valdés sería conocido como El Gitano, y los estados fronterizos como productores y traficantes de drogas, con el auspicio de los Estados Unidos.
Es sin duda el panorama más deplorable y siniestro que se ha posado sobre México. Mientras tanto Estados Unidos, además de construir un muro como el de Israel en territorio palestino, sigue proveyendo de armas a los carteles del narcotráfico y doblegando al gobierno al intervenir o tratar de hacerlo en el tema de seguridad con la propuesta del Plan Mérida.
Pudiésemos hacer una analogía con Las Guerras del Opio, que duraron de 1839 a 1842 y de 1856 1860 respectivamente. Reino Unido introdujo de manera ilegal el opio de la India Británica hacia China y de esta manera debilitó al milenario país asiático: se impuso la comercialización del opio, luego de que el país asiático perdiera la primera y la segunda guerra del opio y firmase un vergonzoso tratado. Reino Unido controlaría junto con Portugal algunas zonas estratégicas de China además de las rutas marítimas que conectaban a Europa con Oriente. .
Cuando se hizo del control de los cultivos de heroína en Afganistán, en 2001, Estados Unidos practicó la misma estrategia contra Rusia. En diez años no sólo aumentó la producción de droga en la cordillera afgana sino que han penetrado las calles rusas y utilizan su territorio como corredor de enclave o by pass entre Afganistán y Europa, hecho denunciado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia en marzo de 2011, y jamás negado por el Gobierno de Obama.
Desestabilizar a Rusia es en todo caso el objetivo, idiotizando su juventud, colombianizando sus fronteras. Lo mismo aplica para Venezuela y la revolución se nos puede ir por ese camino.
sarmientorodolfo50@gmail.com
Por: Rodolfo Sarmiento
Controlar militarmente a Venezuela fue el objetivo subyacente del Plan Colombia, anunciado oficialmente en 1999 por los presidentes Estados Unidos y Colombia, Bill Clinton y Andrés Pastrana Arango.
Los gringos garantizarían los recursos minerales, gas, oro, hierro, los hidrocarburos del Golfo de Venezuela y de la Faja del Orinoco (ésta última con la reserva probada más grande del mundo), agua dulce y entrada directa al Amazonas y al sin fin de recursos que brinda su biodiversidad; Colombia obtendría una salida al Mar Caribe y al Océano Atlántico, lo que facilitaría su empresa de exportación e importación.
Aunque concebido –al menos en los anuncios públicos- como un plan para erradicar la producción de drogas en Colombia, a la luz de la historia reciente se tradujo en la pretensión de aniquilar a las guerrilleras FARC y ELN, al punto de desconocer la guerra civil que se vive en este país.
Pero sobre todo el Plan Colombia significó la militarizarización del territorio colombiano reflejado hoy en la instalación de las bases militares en el ocaso del Gobierno de Álvaro Uribe Vélez, es decir, la influencia, el control e intervención del poderío militar estadounidenses para controlar geopolíticamente los países vecinos de Colombia.
Ya lo dijo el congresista republicano Paul Coverdell, en Abril de 2000, tres meses antes de morir: “Para Controlar Venezuela es necesario ocupar militarmente Colombia”.
Pero los resultados del Plan Colombia dan al traste con las declaraciones iniciales y altruistas de los entonces mandatarios de Estados Unidos y Colombia, en 1999. Aumentó la inversión para la compra de armamento en Colombia; recrudeció la guerra interna, el asesinato a líderes campesinos; el robo de la tierra a los indígenas y campesinos por parte de terratenientes amparados por el Ejército colombiano y el paramilitarismo, se hizo sistemático e influyó en los desplazamientos forzados; también fue evidente la penetración del Estado por parte de grupos paramilitares como quedó en evidencia con el caso del antiguo departamento de inteligencia DAS; de igual forma se mantuvieron como el principal productor-exportador de drogas de los países andinos.
Aunque trillada la frase de Paul Coverdell revela que el plan de conquista contra Venezuela no sólo es militar.
Colombianizar la frontera
Más allá del Plan Colombia, desde el punto de vista militar, existe un conflicto de fondo que muchos coincidirán en denominar la colombianización de la frontera venezolana, sin ánimos xenófobos.
La alta criminalidad en el estado Zulia, por colocarlo como ejemplo de estado fronterizo, es un problema grave porque muchos de los factores que inciden en el crimen tienen que ver con patrones de conductas y prácticas criminales que tienen como origen, lamentablemente, Colombia, y con factores que lo empeoran y son exclusivamente venezolanos como la corrupción y la impunidad.
Aunque la muerte por encargo o selección en la Venezuela contemporánea tiene antecedentes remotos en la dictadura de Juan Vicente Gómez, era más de factor político, de dominación de un régimen dictatorial sobre la disidencia.
Una modalidad de origen colombiano se instauraría en el país desde la década de 1970 en adelante, el sicariato, y éste socavaría a la sociedad toda. De allí la masacre de campesinos encargada por hacendados en el Sur del Lago de Maracaibo en la década de 1970, 1980 incluso 1990 (amparada por los gobiernos nacional y regional, a excepción de Lolita Aniyar de Castro), con métodos paramilitares cuyo objetivo era el mismo de la oligarquía colombiana (explotar las tierras y dominar los medios de producción, en complicidad con el Estado, y desplazar al campesinado).
La matanza de líderes campesinos durante los últimos 12 años también cuenta dentro de esta cultura de violencia, pero como parte de un proceso político de entrega y recuperación de tierras por parte del Gobierno Bolivariano, que ha generado persecuciones y de líderes campesinos que apoyan las decisiones del Gobierno, como lo registró en varias oportunidades el intelectual Luis Britto García en su columna Pare de sufrir, y como lo ha denunciado públicamente el Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora.
La extracción ilegal de alimentos y combustibles y la red de mafias amparadas por funcionarios militares y policiales corruptos, previa penetración de cuerpos de seguridad, es otro de los síntomas de la colombianización de nuestras fronteras con compartidas con Colombia.
Es evidente o se ha acentuado en los últimos años la organización de bandas criminales cuyas estructuras están directamente relacionadas o influenciadas por grupos paramilitares colombianos “desmovilizados” o no, dedicados a la extorsión, tráfico de inmigrantes, compra y venta de bienes inmuebles para el lavado de dólares provenientes del narcotráfico, entre otros.
Necesario es recordar también las migraciones masivas, desordenadas y preñadas de miseria y también violencia. Y lo más alarmante, la proliferación actual de “comerciantes ambulantes” (inmigrantes ilegales quienes pagan préstamos realizados por las bandas criminales) en la periferia del Casco Central de Maracaibo, la avenida La Limpia, Curva de Molina, Los Plataneros, Circunvalación 3, es decir, todo un eje anclado en el oeste de la ciudad, que además acorrala el comercio local con la extorsión y el cobro de vacunas.
No sólo es preocupante el Plan Colombia, sino la forma como la criminalidad ha penetrado sistemáticamente al estado Zulia, en lo cotidiano, en las instituciones policiales. Primero de manera silenciosa y tal vez aislada, en los años ochenta, hoy de manera ensordecedora. Vivimos en un estado de histeria colectiva, de paranoia, sin que haya visos de solución.
Y este incremento criminal, esta penetración de todos los estratos de la sociedad por parte del crimen proveniente del paramilitarismo o como influencia de éste y del conflicto colombiano, si no persigue el mismo objetivo del Plan Colombia es tan perverso como éste: controlar a Venezuela por medio de la violencia.
¿La estrategia de Tijuana?
La misma estrategia ha sido utilizada por Estados Unidos en México para eternizar la ya consolidada subyugación del Tratado de Libre Comercio firmado entre ambos países a principios de los noventa. Hicieron ingobernables los estados fronterizos de México, donde el incremento del tráfico ilegal de drogas e inmigrantes se traduce en las matanzas que a diario refleja la prensa mexicana o el enfrentamiento campal entre el Ejército y los carteles de la droga, que convierten a esta nación en la más violenta de América latina después de Colombia.
La maldición sobre México vino mucho antes de la actual crisis. Adolfo Hitler ordenó cortar el tráfico de opio desde el cercano Oriente hacia Occidente al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, y como de esta planta se producía la morfina -indispensable para atender a los heridos de guerra-, el gobierno estadounidense ordenó cultivarla en Sinaloa, Chiguagua y Durango, además de llevar agricultores chinos.
En marzo de 1941 el gobernador de Sinaloa Rodolfo Loaiza ordenó la destrucción de los cultivos y la aprehensión de los narcos dedicados a esta actividad. Pocos años después, en las fiestas de carnavales de Mazatlán, Loaiza muere a balazos después de que Rodolfo Valdés (conocido primero como pistolero o sicario y luego como narcotraficante), junto con sus compañeros de banda iniciaran una balacera en la fiesta para asesinar a los guardaespaldas del dirigente político.Por el resto de sus días Valdés sería conocido como El Gitano, y los estados fronterizos como productores y traficantes de drogas, con el auspicio de los Estados Unidos.
Es sin duda el panorama más deplorable y siniestro que se ha posado sobre México. Mientras tanto Estados Unidos, además de construir un muro como el de Israel en territorio palestino, sigue proveyendo de armas a los carteles del narcotráfico y doblegando al gobierno al intervenir o tratar de hacerlo en el tema de seguridad con la propuesta del Plan Mérida.
Pudiésemos hacer una analogía con Las Guerras del Opio, que duraron de 1839 a 1842 y de 1856 1860 respectivamente. Reino Unido introdujo de manera ilegal el opio de la India Británica hacia China y de esta manera debilitó al milenario país asiático: se impuso la comercialización del opio, luego de que el país asiático perdiera la primera y la segunda guerra del opio y firmase un vergonzoso tratado. Reino Unido controlaría junto con Portugal algunas zonas estratégicas de China además de las rutas marítimas que conectaban a Europa con Oriente. .
Cuando se hizo del control de los cultivos de heroína en Afganistán, en 2001, Estados Unidos practicó la misma estrategia contra Rusia. En diez años no sólo aumentó la producción de droga en la cordillera afgana sino que han penetrado las calles rusas y utilizan su territorio como corredor de enclave o by pass entre Afganistán y Europa, hecho denunciado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia en marzo de 2011, y jamás negado por el Gobierno de Obama.
Desestabilizar a Rusia es en todo caso el objetivo, idiotizando su juventud, colombianizando sus fronteras. Lo mismo aplica para Venezuela y la revolución se nos puede ir por ese camino.
sarmientorodolfo50@gmail.com


0 Comentarios