El bostezo
Por: Arnulfo Poyer Márquez
Nadie sabe que pisa Tierra
Para los griegos, existe un principio fundamental, rector de cuanto existe, marca de su ser en su naturaleza: es el principio del Orden. El término en griego es “kosmos”, que como podemos ver, pasó al castellano en la acepción que indica al orden sideral (cosmos), como también en el producto que se usa para poner orden a la belleza física, el cosmético.
Sin embargo para el pensamiento griego existe un opuesto a Kosmos, que no es precisamente el “desorden”, o lo que luzca como tal, pese a que es ese punto opuesto, el fundamental y creador de cuanto haya creado la humanidad: el bostezo. Causa gracia, pero en griego la palabra “khaos” que es lo opuesto a “kosmos”, quiere decir “bostezo” en español (o castellano, como prefieran). Sucede que en la traducción echamos a un lado el gracioso significado “bostezo”, para indicar como caos, lo que es desastre, anormal, trágico, en oposición a orden, a cosmos. Y el desastre lo pusimos en la pésima traducción arrastrando el profundo significado de lo que se quiere explicar en realidad. No es en lo único donde la traducción arrastra consigo la culpabilidad adrede del mensaje dirigido, pero tampoco es el momento de dilucidarlo.
Continuando con los griegos, dicen ellos que al principio existió el bostezo, y desde allí se hicieron todas las demás cosas. Vemos entonces que ha sido el bostezo quien ha creado el mundo tal cual es, el desastre que tenemos, aunque siempre en la búsqueda de un orden que nunca puede –ni podrá- alcanzar, pues su raíz está conectada con el cosmos circundante. El bostezo es el creador del anhelo de la vida fácil, que otro se mueva por uno lo que deseamos alcanzar y evitar movernos: el confort, la flojera, son cumbres que se toman por supremacía de la vida libre, no son sino lo contrario del cosmos circundante (denominaré con esta palabra en adelante el término “orden”). Y por supuesto, el bostezo crea su percepción de las cosas, forja las enseñanzas que provienen del cosmos, y va creando su propio mundo, anticuerpo del verdadero, proliferándose dentro del cuerpo sano del planeta, cual carcinoma, en los rincones terráqueos y la mente de cada ser que cría.
En ese límite de cosas, la humanidad vive y se desarrolla mientras pueda hasta no dejar rincón hurgado con su visión separada del verdadero orden en que habita, el orden de la voluntad que irradia conexiones infinitas, que el bostezo cauteriza con su miedo a ser derrumbado. Si pudiéramos poner un sinónimo al término kosmos, ese es Poder. La humanidad al abandonar al kosmos, abandona la posibilidad de conseguir lo que con el Khaos jamás, y se arrastra segura en el tobogán de su perdición, admirando al mago de segunda categoría que saca un conejo de su chistera, sin imaginar tan siquiera que en su poder natural existe la posibilidad de ser el aire que penetra en el domicilio del ser amado, a kilómetros de distancia. Prefiere el terror al león, que la posibilidad de poder hablar algún día con él, y claro, mientras el kosmos nos abre los ojos de la injusticia entre nosotros, el khaos en su egoísmo nos dice que “debemos” limpiar nuestra casa, mientras el kosmos nos aconseja alimentarnos de más frutas, el khaos nos aconseja métodos para que los más desposeídos puedan tener una licuadora, sin observar jamás el orden del esfuerzo para conectarnos con Tierra, y mientras tanto jamás aprendemos a vivir con Tierra, sino a vivir con Tierra siempre sometida, los –ismos pretendiendo hablar por el contacto que los –ismólogos carecen, la ingratitud crece, y los desposeídos no querrán sino obtener lo que los bostezadores poseen.
La misma matemática del kosmos enseña que la matemática del khaos por más que crezca, desaparecerá un día, al punto que siempre el kosmos se traga al khaos, entropía llaman a ese proceso, que tampoco explicaremos aquí para no alargar la obviedad del axioma, pero ya vemos cómo las selvas de Tierra (el kosmos del entorno ambiental) se tragan a las construcciones olvidadas, como en efecto también se tragará a esta humanidad ingrata y soberbia.
La humanidad es la línea divisoria, que Tierra posee para apostar a su crecimiento. El bostezo en su búsqueda del confort y el menor esfuerzo, ha separado tanto la relación humana con Ella, que hasta la inculpa de no brindar a las generaciones de hoy lo que pudo hacer con otras en el pretérito. Y son las generaciones más separadas de Tierra las que ostentan de mayor capacidad para su destrucción hoy día.
Tiempo del freno y transmutación. Tiempo de enterrar al tiempo. Como dice el sabio, todo lo que hacemos, lo hacemos en presente, viviendo en esa percepción, observaremos la cercanía de amor de Ser tan insondable que pisamos, Maestra de esperanzas que ni siquiera percatamos, estamos con nuestros pies sobre Ella.


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