Palabras de Fidel Castro sobre la victoria del pueblo soviƩtico contra el fascismo
(La Habana, 8 de mayo de 1975)
“El fascismo surge en el mundo precisamente despuĆ©s de la Revolución de Octubre; el fascismo surge en el mundo como un instrumento contra el marxismo-leninismo”. Fueron los paĆses capitalistas y los paĆses imperialistas los que crearon las condiciones para el surgimiento del fascismo en el mundo; y toda la campaƱa de los fascistas, desde que surgieron en Europa, se encaminaba hacia el anticomunismo, hacia el exterminio de los comunistas y hacia la destrucción de la Unión SoviĆ©tica.
Una vez derrotada la primera intervención contra la Revolución de Octubre, comenzó a surgir con fuerza esta nefasta corriente polĆtica en Europa. El fascismo era la expresión mĆ”s acabada del pensamiento reaccionario burguĆ©s e imperialista; y desde que Hitler salió a la palestra pĆŗblica declaró sus propósitos de agredir un dĆa a la Unión SoviĆ©tica, proclamó sus doctrinas racistas y sus ideas acerca del exterminio de pueblos enteros, de la esclavización de decenas de millones de hombres y de las conquistas de nuevos territorios.
Hay que decir que toda la humanidad pagó muy caro este fenómeno polĆtico, que toda la humanidad pagó muy caro este engendro de los burgueses y del imperialismo, porque hasta los propios paĆses capitalistas, en un momento determinado, se vieron agredidos por el fascismo.
Todos recordamos aquellos aƱos trĆ”gicos que precedieron a la guerra; todos recordamos la polĆtica conciliacionista con el fascismo de los paĆses capitalistas; todos recordamos el criminal reparto de Checoslovaquia, que fue desmembrada y repartida para satisfacer las ansias expansionistas del fascismo, claudicando vergonzosamente los gobiernos capitalistas frente a las exigencias de Hitler.
En el fondo, la polĆtica de aquellas potencias se encaminaba a lanzar al fascismo contra la Unión SoviĆ©tica, a empujar a las hordas hitlerianas hacia la URSS.
Todos recordamos cómo comenzó en aquella época la guerra: con la invasión de Polonia, cuyo gobierno reaccionario de entonces prefirió los riesgos del aislamiento y de la agresión a la coordinación de su propia defensa con la Unión Soviética.
Todos recordamos cómo, despuĆ©s de la invasión a Polonia, se inició la invasión a Noruega, de Holanda, de BĆ©lgica, de Francia, de Dinamarca. Y recordamos tambiĆ©n cómo los ejĆ©rcitos de los paĆses capitalistas se desplomaron prĆ”cticamente sin resistencia. En cuestión de dĆas, en algunos casos, y en cuestión de semanas en otros, las naciones unas tras otras fueron derrotadas.
La noticia de que los tanques estaban a la retaguardia y los bombardeos aĆ©reos, desmoralizaron totalmente a los ejĆ©rcitos burgueses, que fueron incapaces de resistir la agresión hitleriana. Y cuando los fascistas tenĆan prĆ”cticamente dominada a Europa, con todos los recursos y la tĆ©cnica de la economĆa europea, iniciaron en el mes de junio de 1941 el ataque cobarde y traicionero contra la Unión SoviĆ©tica.
La Unión SoviĆ©tica se habĆa esforzado por preservar la paz, la Unión SoviĆ©tica se habĆa esforzado por reunir a todas las fuerzas antifascistas de Europa, la Unión SoviĆ©tica se cansó de predicar incesantemente la necesidad de frenar el fascismo. Pero ello chocó contra la ceguera y la sordera de los dirigentes de los paĆses capitalistas.
¿QuĆ© ocurrió, en cambio, cuando se produce la invasión a la Unión SoviĆ©tica? Todos sabemos la epopeya de Brest-Litovsk, de aquella fortaleza que durante semanas enteras, cuando las tropas nazis estaban ya en lo profundo de su retaguardia, resistió heroicamente, con un puƱado de hombres, la embestida de una división entera.
¡El pueblo soviĆ©tico no se desmoralizó, los soldados soviĆ©ticos no se desmoralizaron ni aun cuando los tanques y las tropas enemigas estaban a decenas de kilómetros en su retaguardia!
Los ejĆ©rcitos de Hitler estaban acostumbrados a luchar contra regĆmenes sociales reaccionarios, contra regĆmenes sociales capitalistas, contra ejĆ©rcitos burgueses. Y cuando se produce la agresión a la Unión SoviĆ©tica, se encuentran por primera vez con un tipo de ejĆ©rcito diferente, con un tipo de soldado diferente, con un tipo de pueblo movido por otras motivaciones, y se encuentran desde el primer instante una resistencia encarnizada: ¡Los soldados soviĆ©ticos morĆan defendiendo sus posiciones!
¡Los soldados soviĆ©ticos se negaban a rendirse, los soldados soviĆ©ticos no se dieron jamĆ”s por vencidos! Y cuando estaban cercados, una y otra vez atacaban y contraatacaban para tratar de abrirse paso. Y a pesar de los tremendos golpes que propinó la traición del enemigo en los primeros dĆas de la guerra y en los primeros meses, en ningĆŗn instante aquel pueblo y aquel ejĆ©rcito se desmoralizaron.
¡El ejemplo de la Unión SoviĆ©tica, y la epopeya de su Gran Guerra Patria, demuestran, en primerĆsimo lugar, la superioridad del sistema socialista, la fortaleza del sistema socialista y la fuerza de las ideas marxistas-leninistas!
Las tropas nazis, acostumbradas a pasearse victoriosas por Europa, envanecidas de sus victorias, convencidas de la invencibilidad de sus tĆ”cticas de guerra relĆ”mpago, imaginaron tambiĆ©n que la Unión SoviĆ©tica se desplomarĆa, que Leningrado y MoscĆŗ serĆan tomados en cuestión de semanas, que la guerra relĆ”mpago triunfarĆa tambiĆ©n allĆ. Y sin embargo, en todas partes encontraron una feroz resistencia. Se acercaron incluso a Leningrado, pero no pudieron tomar a la ciudad de Lenin. ¡Y el pueblo de Leningrado resistió el cerco fascista durante 900 dĆas!
Si se analiza la historia de todas las guerras, serĆ” muy difĆcil encontrar una ciudad que haya resistido un cerco de 900 dĆas. MorĆan los leningradenses de frĆo y de hambre, se desplomaban en las calles incesantemente bombardeadas por la artillerĆa fascista; ¡pero los hombres y mujeres de Leningrado no se rendĆan!
Se acercaron las tropas fascistas a MoscĆŗ con el grueso de sus fuerzas… pero MoscĆŗ no pudo ser tomada, MoscĆŗ no se rendĆa, MoscĆŗ resistĆa, y no solo resistĆa sino que contraatacaba y tomaba la ofensiva.
Avanzaron el segundo aƱo de guerra considerables fuerzas fascistas sobre Stalingrado, y se acercaron a Stalingrado, e incluso tomaron una parte de Stalingrado. Pero las tropas soviĆ©ticas, en unos cuantos cientos de metros entre la ciudad y el rĆo, resistieron. ¡Y libraron allĆ la mĆ”s grande batalla de la historia de las guerras!…
De nuevo, en el tercer aƱo de guerra, los fascistas trataron de tomar la iniciativa y reunieron poderosĆsimas fuerzas, otra vez en dirección a MoscĆŗ. Y se libra la famosa batalla del Arco de Kursk, que fue otro de los mĆ”s encarnizados combates de la guerra, en que de nuevo las tropas fascistas se estrellan continĆŗa la heroica resistencia de los soldados soviĆ©ticos.
Y luego, cuando el ejĆ©rcito soviĆ©tico toma la ofensiva, cuando llegó la hora de ajustar cuentas definitivamente, se inicia el avance hacia el territorio de los fascistas. Y se escriben pĆ”ginas inmortales y gloriosas, en que sobresalen el heroĆsmo del soldado, el patriotismo del pueblo, la superioridad de la tĆ©cnica y, sobre todo, la superioridad de los principios revolucionarios.
Las tropas soviĆ©ticas no se detuvieron hasta el mismo corazón de la Alemania fascista, ¡hasta el mismo dĆa que en la cĆŗspide del Reichstag pusieron la gloriosa y victoriosa bandera del pueblo soviĆ©tico!...
¿Cómo pudo el pueblo soviĆ©tico reaccionar, recuperarse de los golpes iniciales de mĆ”s de 5 millones de soldados y la maquinaria bĆ©lica agresiva mĆ”s poderosa que hasta entonces habĆa conocido el mundo? ¿Cómo pudo aquel pueblo, en medio de aquel ataque, a pesar de la profundidad del avance de las tropas enemigas, a pesar de las enormes pĆ©rdidas materiales y humanas, recuperarse? Porque si grande fue la proeza de los soldados, extraordinariamente grande fue la proeza de todo el pueblo.
Ello se explica, en primer lugar, por la presencia de un Partido aguerrido: el Partido de Lenin, el Partido Comunista de la Unión Soviética, organizador de la revolución, organizador de la construcción, organizador del pueblo y de las fuerzas armadas, organizador de la defensa de la patria socialista.
…el hecho cierto, histórico, incuestionable es que fueron precisamente el pueblo y el ejĆ©rcito soviĆ©ticos quienes llevaron el peso fundamental y decisivo en la derrota del fascismo. Fue el pueblo soviĆ©tico el que pagó el precio mayor, y el que realizó el aporte fundamental a la victoria. Sin ese aporte habrĆa sido absolutamente imposible la derrota del fascismo. No se puede comparar la participación de ningĆŗn otro paĆs al aporte soviĆ©tico…
¿QuĆ© habrĆa sido del destino de la humanidad? ¿QuĆ© habrĆa sido para todos los pueblos del mundo? ¿QuĆ© habrĆa significado la ausencia de esa fuerza, de ese escudo? Si de nuevo la humanidad no conoció los horrores de una guerra mundial, ello se debe a la polĆtica de paz y al poderĆo de la Unión SoviĆ©tica.
El derrocamiento del fascismo creó condiciones nuevas para todo el mundo. Antes de la Segunda Guerra Mundial, si mirĆ”bamos los mapas de Ćfrica, nos encontrĆ”bamos con que no habĆa un solo pueblo libre en todo el continente africano; si mirĆ”bamos al continente asiĆ”tico, veĆamos que existĆan muy pocos pueblos que no estuvieran colonizados en aquel continente; si mirĆ”bamos a la AmĆ©rica Latina, la veĆamos absolutamente dominada por el imperialismo yanqui. Unas pocas potencias se habĆan repartido el mundo, lo esclavizaban y lo explotaban.
¡Porque cuando los soviĆ©ticos luchaban y morĆan en Leningrado, en MoscĆŗ, en Stalingrado, en Kursk, en BerlĆn, estaban luchando y estaban muriendo tambiĆ©n por nosotros! Sus hĆ©roes son por tanto tambiĆ©n nuestros hĆ©roes. Sus mĆ”rtires son tambiĆ©n nuestros mĆ”rtires. ¡Su sangre es tambiĆ©n nuestra sangre!...
Marcha adelante victoriosamente la causa de la revolución y del socialismo, la causa de Marx, Engels y Lenin, la causa de Ho Chi Minh, la causa de MartĆ y de Maceo, de Camilo y del Che, la causa de todos los revolucionarios, la causa de los marxistas-leninistas, la causa del socialismo, la hermosa causa del comunismo. ¡Y de la extraordinaria contribución que el pueblo soviĆ©tico ha dado a esta causa de la humanidad, los pueblos del mundo estarĆ”n eternamente agradecidos!”

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