La extradición es indigna y no tiene efectos prácticos distintos que defender los intereses de la oligarquía
ANNCOL
Reporta un diario capitalino que 1482 colombianos han sido extraditados desde 1984, entre ellos 1149 durante la administración Uribe Vélez, de esos, 3 insurgentes de las FARC-EP. Al narco-paramilitar le gusta romper record, en la aeronáutica, durante su escaso periodo como director, Uribe distribuyó, él sólo, tres veces más las licencias a sus amigos mafiosos, que los 5 directores anteriores, todo un record.
La extradición de nacionales es a todas luces, un reconocimiento de la incapacidad de la justicia y del sistema penitenciario colombiano de juzgar, rehabilitar y combatir el delito.
Uribe hizo de la extradición un arma para lograr sus objetivos políticos, con la extradición de los jefes paramilitares, el gobierno extraditó la verdad, quería a todo precio, que no supiéramos quienes son los principales instigadores y patrocinadores del paramilitarismo.
Con la extradición de los tres insurgentes de las FARC-EP, Simón Trinidad, Sonia, e Iván, y con tres más del ELN; Álvaro García, Efraín Guerrero, y Nelson Jaimes, en la lista de espera el gobierno pretende hacer de la extradición otro método de presión contra las organizaciones insurgentes.
La inutilidad de la extradición es evidente, sobre todo, cuando se extraditan a hombres y mujeres que se levantaron en armas contra la tiranía de la oligarquía mafiosa-paramilitar colombiana. La extradición en teoría no aplica para delitos políticos, pero el régimen colombiano, no respecta las leyes y principios que el mismo ha edificado. La extradición no ha impedido que nuevos jefes mafiosos aparezcan en el ámbito delincuencial colombiano, sobre todo, cuando el principal cartel, es la casa de Nariño.
Los EEUU son los más beneficiados con la extradición de nacionales, con los mafiosos, negocia penas benignas, quedándose con parte del botín del dinero mafioso, todas las fortunas del dinero generado por el tráfico de estupefacientes, está en los EEUU a nosotros nos han quedado las secuelas, la descomposición social, la contaminación ambiental.
Con todo esto, uno de los ejes de lucha para la unidad de los colombianos revolucionarios, debe construirse desde la lucha contra la extradición de insurgentes. Por principio todo revolucionario debe oponerse a la extradición. No obstante, en los parámetros de la “seguridad democrática” Uribe clasifica con sobrados meritos para ser extraditado por narco a los Estados Unidos y seguidamente por asesino a la Haya. Por eso el temor nada infundado de su escudero el godo-uribista, Uribito.
Al país se le impone una constatación, para establecer la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas del paramilitarismo, los jefes paramilitares deben ser repatriados. Y para conseguir la paz, los insurgentes extraditados deben regresar, es por ahí que comienza el intercambio humanitario, antecedente inmediato para la salida política, lo demás es cuento chino.


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