RUSIA CONMEMORA EL DÍA DE LA MEMORIA Y EL DOLOR
Millones de velas conmemorativas fueron encendidas anoche en Rusia. El país se conduele e inclina la cabeza ante los caídos en la Gran Guerra Patria.
Por: The Voice of Russia
El 22 de junio es el día más trágico de la historia de Rusia. Hace exactamente 68 años, en una mañana tan cálida y serena, la Alemania fascista, sin declaración de guerra, atacó a la Unión Soviética y comenzó la guerra, terrible y sangrienta, que se cobró millones de vidas humanas.
Hoy prácticamente ya no están vivos aquellos que a las 4 de la madrugada enfrentaron su primer combate, y cada vez son menos aquellos que defendieron la tierra natal ante el pérfido agresor, pero la joven generación llevará a través de los siglos la memoria de los defensores de la patria.
Exactamente a las 4 de la madrugada en todas las ciudades de Rusia comenzaron las ceremonia luctuosas. Miles de personas se reunieron en Moscú, junto a la Llama Eterna en el Jardín de Alejandro y en la Colina de Mamáiev, en Volgogrado, donde se protagonizó una de las batallas mas terribles. En Tula y Kostromá la gente llevaba claveles rojos a los obeliscos erigidos en honor a los combatientes. Entre aquellos que anoche acudieron a rendir tributo a la memoria de los caídos había muchos jóvenes, que sólo conocen los horrores de la guerra a través de los relatos de sus abuelos y abuelas, y pocos eran los testigos de aquellos días.
Entre ellos estaba el mayor general y veterano de la II Guerra Mundial, Víctor Nóvikov, quien en 1941 había terminado la escuela: “El 15 de junio de 1941 encabecé un campamento estival de pioneros, que se alojó en un cuartel, adonde venían los reclutas del comisariado militar regional. Exactamente una semana después comenzó la guerra. Empezó a las 4 de la madrugada y media hora después golpearon la puerta. Entra una persona del comisariado militar y pide desalojar el local. Dentro de un ahora vendrán aquí los movilizados. Y dos horas después comenzaron a llegar personas en carros desde las aldeas.
Y a eso de las 10-12 de la mañana empezaron a partir hacía el frente. Y todo esto no ocurría en Moscú, sino en un lejano poblado siberiano, en la taiga, a 160 kilómetros de la estación más próxima. Así comenzó la guerra para mí, un muchacho de un lejano pueblo siberiano. Después combatí tres años.
“Toda la vida recuerdo el 22 de junio de 1941 –prosigue Víctor Nóvikov. Ese día cambió toda mi vida y no sólo la mía. Y mientras tengo fuerzas cuento a mis nietos y a sus amigos de los horrores de la guerra, para que no se olviden”.
Y los jóvenes no se olvidan.

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