Cambio dual genera fuga de divisas

Si el dólar tuviera dos precios, siempre pagaríamos el más caro
Por: Luis Alberto Matos

“- He reñido a un hostelero.
- ¿Por qué? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo?
- Porque donde, cuando como,
sirven mal, me desespero.”
Tomás de Iriarte

Desde hace varias semanas, a veces en grandes titulares y otras sin realce en las hojas de adentro, en ocasiones arriba en primera página y al día siguiente confundida con importaciones de alimentos y repuestos para camionetas, los medios difunden, asoman, critican, establecen, comentan, especulan, se burlan y hasta razonan, las medidas, procedimientos y prioridades establecidas por el Ejecutivo Nacional para la asignación y venta de divisas.

CADIVI es tema de rutina; el precio del dólar: amenaza y llanto de cada día. Leemos, por ejemplo: “Nos deben más de 15.000 millones. ¿De dónde saldrán?”, “economía en extrema gravedad por escasez de divisas”, “demanda insatisfecha de la moneda estadounidense paraliza la industria venezolana” y “ahora CADIVI es quien decide cuántos miembros de una familia deben estar fuera del país”.

Sugieren, como “solución necesaria para evitar el colapso de la nación”, un cambio dual: dos precios diferentes para adquirir dólares.

Afortunadamente y a tiempo, el Ministerio del Poder Popular para Economía y Finanzas declaró que “El Gobierno Nacional no tiene planteado establecer un cambio dual”, “no es algo que se esté considerando en este momento por el Ejecutivo o el Banco Central de Venezuela”, “este sistema ha operado en otros países y en otros momentos, pero su aplicación pasa por un cuidadoso estudio sobre sus impactos” y “nunca es bueno adelantar anuncios; se hacen los análisis y cuando se tiene una decisión simplemente se aplica”.

¿Por qué?

No hay que haber ganado el Premio Nobel de Economía para anticipar que, si hoy se estableciera un cambio dual oficial, con casi a cualquier precio, de inmediato se generaría una fuga de capitales. La estampida de dólares, desde las sedes de la banca privada, dejaría pálido el recuerdo de los días precedentes al 18 de febrero de 1983 cuando, “en menos que canta un gallo”, se nos esfumaron 8.000 millones de dólares.

En estos momentos, comparado con entonces y aún ajustando al valor real actual de ambas monedas, las cifras serían mucho mayores, entre otras cosas por dos enormes diferencias: el precio del petróleo y la crisis especulativa del Norte. La primera nos trae más dólares; la segunda los hace más valiosos en el exterior.
Y hay un tercer elemento que distingue la actual situación con la de entonces. Las matrices de opinión, formadas y forjadas por órdenes de quienes ambicionan controlar nuestras reservas de hidrocarburos, empujan a un número de buenos ciudadanos hacia situaciones irreales en la economía venezolana, haciéndoles creer que, cada dólar afuera, los hará mucho más felices.

¿Dónde?

Consecuencia directa, la inflación marcaría cifras muy superiores a las actuales. La oferta de productos importados, sin importar incluso como hubieran sido pagados al exterior, todo aquello que aquí compremos directa, indirecta, parcial o totalmente, vía mercadeo neoliberal privado, ascendería de inmediato hasta el “nuevo tipo de cambio”.

Otro aspecto a evaluar es el sitio, lugar o espacio a involucrar en las nuevas transacciones de venta de dólares a un segundo o adicional tipo de cambio.
Se podrán adquirir ¿en todas partes?. ¿Será lo mismo en la frontera y en los aeropuertos, que en los Centros Comerciales y la banca citadina?. ¿Igualito en San Antonio del Táchira, que en San Juan de los Morros?.

No quiero imaginar las colas, en la amistosa ciudad tachirense, ni la muy heterogénea composición de sus integrantes. En la banca es fácil visualizarlo para quienes la vimos en 1983. ¡Ni que hubieran sido gratuitos!.

Sin embargo, eso sólo sería para fotos y titulares. El verdadero fluido es electrónico. Simples transferencias en la confidencialidad de quien toma asiento, él solito, ante un teclado con dos o más cuentas bancarias por aquí y por allá.

¿Cuándo?

Y ese nuevo adicional tipo de cambio, una vez aprobado, será válido ¿desde ese mismo momento?, o ¡mejor esperamos un ratico!. ¿Cuándo sería lo óptimo?. ¿En agosto, tradicional mes de menor liquidez?; ¿o esperamos quizás hasta que paguen las utilidades en Diciembre?.

Cuando se implemente, a partir de yá, vía incluso viajeros entrantes, salientes, permanentes, ocasionales o “enviados por”, trasladarían, sin necesidad de “maletines”, cualquier cantidad de dólares que se te pueda ocurrir, porque ellos sólo servirán, como intermedarios, hasta las cuentas cercanas o lejanas en lugares de playa cristalina y fácil acceso.

Peor aún si se anunciara con implementación en fecha posterior, previamente fijada. Adicional a los artilugios conocidos, daría tiempo para idear otros, bastante más sofisticados, y hasta para convencerte de lo acertado y afortunado que serías si tomaras la vía ofertada. El “raspaíto” de tarjetas pasaría a ser juego inocente de muchachos sanos.

¿Cómo?

Esta no es más fácil de responder. Lo más difícil y menos acertado, para quienes integramos desde siempre la raza humana, parece haber sido trazar fronteras, de cualquier cosa. A quien tenga dudas, lo insto a estudiar el mapa político geográfico de Venezuela y lo reto a trazar una división peor que la actual.
Y en asuntos económicos no es más fácil. Un tipo cambio similar al actual, para los bienes, saberes y servicios de primera necesidad; y otro ¿libre? ¿en cuanto tiempo crees que nos quedaremos sin divisas?. ¿Habrá otro viernes negro, o se producirá antes… digamos el martes?

¿O es que el segundo cambio no será entonces tan libre, sino otra frontera para otros productos?. En tal caso, ¿cuáles irán del lado de allá y cuales seguirán en el mercado paralelo?
Ciertamente, ha habi
do dos tipos de cambio, pero en otros países, en otros momentos, y, muy especialmente, en otras realidades, totalmente distintas y ajenas a la Venezuela actual. ¡Voto por seguir con uno sólo!.
jaquematos@cantv.net


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