¿Es Uribe tan bueno cómo se pinta?
José Maria Rodriguez Gonzalez
Colombia acaba de tener sus elecciones no-presidenciales este último 28 de octubre, 2007, con un triunfo del Polo en Bogotá, fuera de Nariño, Valle y otros lugares. Una emergencia de candidatos independientes y una especie de renacimiento del partido conservador. El uribismo, aunque continúa mayoritario, no alcanzó los números y triunfos que ambicionaba o tenía por seguro. Y la causa de esta limitación uribista es el mismo presidente Uribe, que con sus pataletas y su metidas de narices en cosas que no le deberían importar, como si Peñalosa debería ser el alcalde de Bogotá –y luego Uribe dice que no se mete en política–, lo que ha hecho el presidente es ahondar la creciente desconfianza que se ha ganado, por sus propios méritos, en su segundo gobierno; imagínense un tercero.
Muchos colombianos andan alcahueteando y consintiendo a Uribe, diciendo que nadie es perfecto, que todos cometemos errores y que Uribe no es tan mal presidente. Eso suena muy bonito si uno es un ordinario colombiano pegado a la televisión, los comunicados de gobierno y sus estadísticas, y además pegado a la mediática de los consejos comunales del presidente. Cualquier persona en esas circunstancias, y la mayoría de colombianos andan en esas circunstancias, deben ver a Uribe como una especie de maná enviado por Dios. Pero, quienes fuera de informarnos de lo que cualquier ordinario colombiano no puede evitar de informarse, con nuestro acento en estudios y la rigurosidad de la investigación no podemos estar de acuerdo con el colombiano común. Seguimos siendo igual de colombianos, pero no igual de informados.
Uribe es el fenómeno de una especie de Patria Boba del siglo XXI por la que pasa Colombia. Es indudable que Uribe promovió las autodefensas*. Él no lo niega, por el contrario insiste una y otra vez que los paramilitares no deben llamarse paramilitares sino autodefensas, como Uribe lo propuso desde su impulso de Convivir. Es obvio que Uribe tiene como frustrada meta de su vida exterminar a las FARC, es la única carreta que todos los colombianos identifican con Uribe. Que lo haya podido hacer es solo pensar con el deseo. La incapacidad militar y política, en conflictos armados, derrotó a Uribe antes de que su odio a las FARC invadiera todos sus vísceras, sistema circulatorio, respiratorio y digestivo.
Con un tercer gobierno de Uribe, tanto los investigadores internacionales, los servicios de inteligencia de Estados Unidos, como los tímidos investigadores colombianos podrían llegar a exigirle a Uribe responder por el genocidio, masacres, robo, explotación y abuso de millares de colombianos como el autor intelectual de las “acciones de limpieza” de los guerrilleros narco paramilitares. Sin embargo, culpar a Uribe o a Pinochet de sus barbaridades es secundario ante el rumbo histórico de una conciencia por la justicia, la restauración y la paz. Así que, uribistas, no tienen que seguir dándose golpes de pecho, ni seguir buscando excusas y cubrimientos para su caudillo Uribe, la historia siempre se inclina por lo mejor de la humanidad no por las barbaridades y descalabradas, que la historia siempre supera y deja atrás como ejemplos de lo que no debemos volver a hacer.
Al revés de lo que el colombiano común piensa, el último favor que Uribe le está haciendo a las FARC es ayudarlas a que renueven su liderazgo acabando uno que otro de sus jefes. En su primer gobierno, Uribe ayudó a las FARC a mejorar su clandestinidad y a enfocarse en emboscadas al ejército. El presidente Uribe seguirá con su cuento paísa de que no dejará ni la sombra de las FARC, eso es muy bueno para Uribe, de lo contrario nunca hubiera sido presidente. Menciono estos hechos para mostrar que si la Seguridad Democrática tiene algo que ver con las FARC, el super-enemigo de Uribe, pues, realmente ha quedado muy corta de sus metas.
Pero, Uribe es peor en economía. Otra vez, al colombiano común que solo paga por usar su propio dinero en el banco y no entiende por qué la banca hace billonarias ganancias, actúa como un fanático del equipo Millonarios, pensando que si Millonarios gana él ganó algo. Las víctimas de los usureros de la banca, es decir los colombianos comunes andan con la boca abierta viendo esas colosales ganancias y piensan que son de ellos y las aplauden e indudablemente ven una Colombia próspera, aunque de verdad la prosperidad no llega a los 3 millones de desplazados a más de un 60% de la infancia abandonada, a un desempleo disfrazado de “rebusque”, donde la canasta familiar ya debería llamarse la nube familiar por lo alta y vaporante, el nivel de vida y la calidad de vida están ambas encubiertas de apariencias, algo que los colombianos nunca hemos fallado en crear.
La baja de interés en el dólar mejorará el peso, pero en Colombia dirán que es otro triunfo económico de Uribe que logró frenar el alza del dólar. El TLC no se ha pensado muy bien, como si las experiencias de otros países no nos importaran y menos las consecuencias en nuestro país, especialmente con una sub-economía de narcotráfico y una corrupción a todos los niveles, que da miedo. Esos no son factores que le importen a la “eminencia” económica de Uribe. Ya envió la millonésima comisión para que E.U. apruebe el TLC con Colombia, a cómo de lugar. Las consecuencias, por supuesto, no las va a sufrir Uribe, sino millones de compatriotas que no cuentan y que no le importa si se perjudican.
Parece que Uribe no está contento con tener a las FARC vivitas y coleando, sino que además quiere que la miseria y nuevos problemas macro-económicos no desaparezcan de Colombia.
Los colombianos no deberían decir en el exterior que Uribe es el mejor presidente de Colombia, o como dicen los paramilitares, “el mejor que haya tenido la historia”, porque si eso es el mejor presidente que hemos tenido, entonces dónde vamos a poner a Lleras Restrepo por ejemplo o cómo vamos a negar nuestra Banana República. Es mejor decir, que todavía estamos buscando por un buen presidente, por lo menos eso no es vergonzoso y hasta es una idea plausible.
José Maria Rodriguez Gonzalez
Colombia acaba de tener sus elecciones no-presidenciales este último 28 de octubre, 2007, con un triunfo del Polo en Bogotá, fuera de Nariño, Valle y otros lugares. Una emergencia de candidatos independientes y una especie de renacimiento del partido conservador. El uribismo, aunque continúa mayoritario, no alcanzó los números y triunfos que ambicionaba o tenía por seguro. Y la causa de esta limitación uribista es el mismo presidente Uribe, que con sus pataletas y su metidas de narices en cosas que no le deberían importar, como si Peñalosa debería ser el alcalde de Bogotá –y luego Uribe dice que no se mete en política–, lo que ha hecho el presidente es ahondar la creciente desconfianza que se ha ganado, por sus propios méritos, en su segundo gobierno; imagínense un tercero.
Muchos colombianos andan alcahueteando y consintiendo a Uribe, diciendo que nadie es perfecto, que todos cometemos errores y que Uribe no es tan mal presidente. Eso suena muy bonito si uno es un ordinario colombiano pegado a la televisión, los comunicados de gobierno y sus estadísticas, y además pegado a la mediática de los consejos comunales del presidente. Cualquier persona en esas circunstancias, y la mayoría de colombianos andan en esas circunstancias, deben ver a Uribe como una especie de maná enviado por Dios. Pero, quienes fuera de informarnos de lo que cualquier ordinario colombiano no puede evitar de informarse, con nuestro acento en estudios y la rigurosidad de la investigación no podemos estar de acuerdo con el colombiano común. Seguimos siendo igual de colombianos, pero no igual de informados.
Uribe es el fenómeno de una especie de Patria Boba del siglo XXI por la que pasa Colombia. Es indudable que Uribe promovió las autodefensas*. Él no lo niega, por el contrario insiste una y otra vez que los paramilitares no deben llamarse paramilitares sino autodefensas, como Uribe lo propuso desde su impulso de Convivir. Es obvio que Uribe tiene como frustrada meta de su vida exterminar a las FARC, es la única carreta que todos los colombianos identifican con Uribe. Que lo haya podido hacer es solo pensar con el deseo. La incapacidad militar y política, en conflictos armados, derrotó a Uribe antes de que su odio a las FARC invadiera todos sus vísceras, sistema circulatorio, respiratorio y digestivo.
Con un tercer gobierno de Uribe, tanto los investigadores internacionales, los servicios de inteligencia de Estados Unidos, como los tímidos investigadores colombianos podrían llegar a exigirle a Uribe responder por el genocidio, masacres, robo, explotación y abuso de millares de colombianos como el autor intelectual de las “acciones de limpieza” de los guerrilleros narco paramilitares. Sin embargo, culpar a Uribe o a Pinochet de sus barbaridades es secundario ante el rumbo histórico de una conciencia por la justicia, la restauración y la paz. Así que, uribistas, no tienen que seguir dándose golpes de pecho, ni seguir buscando excusas y cubrimientos para su caudillo Uribe, la historia siempre se inclina por lo mejor de la humanidad no por las barbaridades y descalabradas, que la historia siempre supera y deja atrás como ejemplos de lo que no debemos volver a hacer.
Al revés de lo que el colombiano común piensa, el último favor que Uribe le está haciendo a las FARC es ayudarlas a que renueven su liderazgo acabando uno que otro de sus jefes. En su primer gobierno, Uribe ayudó a las FARC a mejorar su clandestinidad y a enfocarse en emboscadas al ejército. El presidente Uribe seguirá con su cuento paísa de que no dejará ni la sombra de las FARC, eso es muy bueno para Uribe, de lo contrario nunca hubiera sido presidente. Menciono estos hechos para mostrar que si la Seguridad Democrática tiene algo que ver con las FARC, el super-enemigo de Uribe, pues, realmente ha quedado muy corta de sus metas.
Pero, Uribe es peor en economía. Otra vez, al colombiano común que solo paga por usar su propio dinero en el banco y no entiende por qué la banca hace billonarias ganancias, actúa como un fanático del equipo Millonarios, pensando que si Millonarios gana él ganó algo. Las víctimas de los usureros de la banca, es decir los colombianos comunes andan con la boca abierta viendo esas colosales ganancias y piensan que son de ellos y las aplauden e indudablemente ven una Colombia próspera, aunque de verdad la prosperidad no llega a los 3 millones de desplazados a más de un 60% de la infancia abandonada, a un desempleo disfrazado de “rebusque”, donde la canasta familiar ya debería llamarse la nube familiar por lo alta y vaporante, el nivel de vida y la calidad de vida están ambas encubiertas de apariencias, algo que los colombianos nunca hemos fallado en crear.
La baja de interés en el dólar mejorará el peso, pero en Colombia dirán que es otro triunfo económico de Uribe que logró frenar el alza del dólar. El TLC no se ha pensado muy bien, como si las experiencias de otros países no nos importaran y menos las consecuencias en nuestro país, especialmente con una sub-economía de narcotráfico y una corrupción a todos los niveles, que da miedo. Esos no son factores que le importen a la “eminencia” económica de Uribe. Ya envió la millonésima comisión para que E.U. apruebe el TLC con Colombia, a cómo de lugar. Las consecuencias, por supuesto, no las va a sufrir Uribe, sino millones de compatriotas que no cuentan y que no le importa si se perjudican.
Parece que Uribe no está contento con tener a las FARC vivitas y coleando, sino que además quiere que la miseria y nuevos problemas macro-económicos no desaparezcan de Colombia.
Los colombianos no deberían decir en el exterior que Uribe es el mejor presidente de Colombia, o como dicen los paramilitares, “el mejor que haya tenido la historia”, porque si eso es el mejor presidente que hemos tenido, entonces dónde vamos a poner a Lleras Restrepo por ejemplo o cómo vamos a negar nuestra Banana República. Es mejor decir, que todavía estamos buscando por un buen presidente, por lo menos eso no es vergonzoso y hasta es una idea plausible.
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